Improvisaciones Concretas, expresión que empleó Esteban Vicente para describir sus collages, es el título de esta exposición en el museo de arte contemporáneo que lleva su nombre en Segovia. La muestra presenta 63 collages, 20 esculturas de pequeño formato procedentes de diversas colecciones públicas y privadas de España y Estados Unidos y un vídeo en el que el artista explica su proceso de creación.
Aunque Vicente comenzó en 1949 utilizando materiales encontrados, normalmente componía sus obras rasgando o recortando papeles especiales destinados a las bellas artes, pintados a mano y disponiendo las piezas en soportes de papel o cartón. Las combinaciones resultantes ofrecen ricas interacciones de textura y color, al fundirse los materiales visualmente y, en ocasiones, resultar prácticamente indistingibles unos de otros.
No es sorprendente que muchos de los primeros collages de Vicente transmitan las señas de identidad de la pintura expresionista abstracta. La abigarrada dispersión de líneas y tiras de papel que forman sus obras de principios de los años cincuenta, recuerdan a las composiciones pintadas espontáneamente de muchos de sus contemporáneos como Jackson Pollock y De Kooning.
En esta época Elaine de Kooning afirma “los collages de Vicente son curiosamente fluidos y dinámicos. El color y las formas consiguen dar una sensación de movimiento ininterrumpido, solapándose, cambiando posiciones, prolongándose infinitamente”. A mediados de los años cincuenta, Vicente empezó a componer collages a partir de formas planas y rectangulares que afirman con énfasis el carácter bidimensional de las obras, un efecto que Greenberg elogia como el máximo logro del collage modernista y la pintura abstracta.
Sin embargo, los bloques de color de Vicente crean, también, una sensación de profundidad con tonos más claros que parecen proyectarse y matices más oscuros que se alejan. De este modo, sus obras son complementos convincentes de la pintura de Hans Hofmann y su famosa teoría del color “push-pull”.
Evolución
Los collages posteriores de los años 60, de colores brillantes y formas evocadoras, están inspirados en la belleza natural de su entorno, de su jardín en Long Island y de Hawai, donde vivió durante un año. En los años 70 primará la estructura y la construcción, las formas rectangulares de color, influido por Mondrian, la arquitectura de la ciudad y el minimalismo y a partir de los años 80 la entera libertad en la ejecución dará como resultado formas más ambivalentes, geométricas y orgánicas, evanescentes, que flotan en una atmósfera luminosa.
Junto a los collages, presentamos una selección de esculturas de pequeño formato. Realizadas entre 1968 y finales de los años noventa, la mayoría de los divertimentos o "toys" de Vicente, como así le gustaba denominarlos, con frecuencia no superan los 30 cm de altura y muestran la capacidad del artista para trasladar los logros de sus pinturas y collages a un medio tridimensional. Vicente improvisaba a partir de trozos de madera sobrantes y desechos esparcidos por su estudio. Estas esculturas, que no estaban concebidas para ser mostradas al público, son fruto de improvisaciones reflexivas y sin embargo desenfadadas. De ellas emana un sentido de inmediatez y de capricho.
Esta muestra es la primera que presenta conjuntamente estos experimentos lúdicos con los collages del artista. En conjunto, los collages de Vicente revelan interacciones entre las innovaciones artísticas que se desarrollaban en el vibrante mundo del arte de Nueva York del momento, y las profundas reflexiones personales del artista sobre la naturaleza de la abstracción.




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