
El día que se publicó la lista de la lotería de Navidad fue una explosión de alegría en Segovia, aunque lo de menos era si alguno de los premios había recalado en nuestra provincia. Los medios de comunicación coincidían en que el gordo para Segovia era el de las mejoras que nos esperaban para el 2031, en que podría llegar la tan cacareada ampliación del Hospital. Seis años vista, nada menos. Y pocos días después, siguiendo el festejo, nos confirmaban que médicos y enfermeros habían echado la carta a los Reyes Magos y que sí, que les iban a hacer caso precisamente para el 2031. Pues qué bien.
Efectivamente nos consta que, en su momento, desde la Consejería de Sanidad consultaron a parte del personal hospitalario para preguntarles por las mejoras que necesitaban en sus distintos servicios y, lógicamente, cada uno se explayó adecuadamente fijándose en aquellas carencias más cercanas. Pero es que la consulta que tenían que haber hecho desde Valladolid a todo el sector sanitario (también al de la provincia) debería de haber girado en torno a las necesidades más indispensables y urgentes de la población, y de esto saben muchísimo los médicos de cabecera y todos los sanitarios que sustentan la medicina de Atención Primaria.
No dudamos de que el Hospital General está necesitado de una buena actualización, y de que todas las mejoras que se han sugerido harán que sea un lugar más agradable tanto como centro de trabajo como de cara a los pacientes que lo utilizan. Los médicos, enfermeros, auxiliares, celadores, limpiadores,…, y tantos otros trabajadores que pasan allí tantas horas merecen poder hacerlo en un entorno digno, que cuente con servicios y recursos apropiados. Igualmente aplaudimos todas las mejoras que puedan implementarse de cara a que la estancia de los pacientes en el Hospital sea lo más cómoda posible, y que puedan contar con más espacio, vistas, y todo aquello que pueda colaborar en humanizar la experiencia hospitalaria.
Ahora bien, lo que no se puede consentir es que nos vendan que eso es una ampliación del Hospital. Cuando se anuncia la ampliación de una infraestructura de ese tipo, lo que el lector medio entiende es que se van a ampliar los servicios que se prestan en esa infraestructura, o que se van a ampliar los servicios existentes para que alcancen a más población. Y en este caso no va a ocurrir ninguna de las dos cosas. Lo único que realmente supondrá un servicio adicional será la Unidad de Radioterapia, en caso de que finalmente llegue en 2031, si bien es un servicio que la ciudad sí tiene cubierto ahora mismo a través del actual acuerdo con Recoletas (que por cierto se puso en marcha en gran medida gracias a dinero público).
Todo lo demás (la Escuela de Enfermería, el aparcamiento, las mejoras para los servicios de consultas, tratamientos ambulatorios, centro de día, etc.) no pueden considerarse en modo alguno ampliación de servicios. Solo tímidamente se menciona que se instalarán “algunas” camas para estancias medias y largas, síntoma de que se está soslayando la magnitud del problema. ¿Cómo que “algunas”? Necesitamos urgentemente camas en cantidad para paliativos, estancias medias y largas, y rehabilitación intensiva y especializada que posibilite a los enfermos reincorporarse a su vida anterior cuando tienen la desgracia de sufrir un percance en teoría transitorio. Y que esas camas no estén en Ávila o Palencia, como ocurre con las que actualmente tenemos asignadas en el área de psiquiatría.
Aterricemos con un ejemplo de lo que está pasando. Lector, lectora, póngase en situación. Mañana, Dios no lo quiera, su madre, ya entrada en años, se rompe una cadera, o le da un ictus, o cualquier cosa, y la llevan corriendo al hospital (podríamos decir que la llevan al Hospital General, pero teniendo en cuenta que es el único que hay, lo podemos dejar en que la llevan al hospital). Una vez allí la estabilizarán y acometerán la intervención que corresponda según el caso, con una -estamos seguros- estupenda atención sanitaria. Y a partir del 2031 con la ampliación, lo harán en unas instalaciones más cómodas y modernas.
Ahora bien, una vez estabilizada la situación, Ud. se va a encontrar con que los protocolos del hospital le van a obligar a desalojar esa habitación tan estupenda en un plazo escandalosamente corto, y va a enfrentarse a una disyuntiva inquietante: puede llevarse a su madre a su casa y adaptarse a la nueva situación (comprar una cama articulada, adaptar su cuarto de baño, contratar a tres cuidadoras -turno de mañana, turno de tarde-noche, fines de semana-, contratar un servicio específico de rehabilitación, etc.), o bien puede llevar a su madre a una residencia privada (que es de hecho la opción que se está fomentando desde la Administración), en la que va a quedar aparcada en una habitación, atendida de la manera en la que se puede atender en una residencia (con la mejor de las voluntades, pero sin medios), sin un servicio médico equiparable al que pueda haber en un hospital, y sin un servicio de rehabilitación equivalente al que se puede prestar en un entorno hospitalario, con el que se podría abordar seriamente un proceso de recuperación que -como decimos- le permitiría volver a su casa y valerse por sí misma durante años. Ah, y eche Ud. números de lo que le va a costar todo eso, que a lo mejor le toca rehipotecar o malvender la casa de la paciente.
Es innegable la necesidad de contar con un segundo hospital por muchísimas razones, entre las que sin duda se encuentra la de atender a esos pacientes de estancias medias, aumentando el número de camas disponibles (seguimos a la cola de Castilla y León en número de camas por habitante); y es evidente también que los problemas sanitarios de Segovia están muy relacionados con el hecho de ser la única provincia no sólo de Castilla y León, sino de toda España, que tiene un solo hospital. ¿Saben esto en Valladolid? ¡Claro que lo saben!, pero ponen todos los medios para ocultarlo y lo vienen haciendo desde hace lustros. Ni siquiera la evidencia del desastre del covid, con Segovia como provincia con más fallecidos per cápita de España (¡ya está bien!), sirvió para remediar el problema, y lo peor es que si tuviéramos la desgracia de vivir otra emergencia sanitaria estaríamos en la misma situación.
Llegados a este punto no tenemos más remedio que sacar la palabra tabú: el Policlínico. Esa palabra que a algunos les da urticaria. Pero es que seguimos teniendo un edificio magnífico, enhiesto, casi desafiante en su espera a ser rehabilitado, y que está en una situación de abandono por la evidente inquina de algunos de nuestros representantes políticos, que han decidido que no les interesa que siga siendo un hospital y prefieren buscarle un destino más lucrativo. Un edificio que podría estar en marcha en un año y con un presupuesto bajo para su eficacia, y con el que Segovia recuperaría automáticamente un considerable número de camas y un considerable número de puestos de trabajo asociados a ellas, con los que necesariamente habría de dotarse al edificio.
Mientras tanto los segovianos debemos estar felices con el notición de que ¡para el 2031! probablemente vamos a tener un hospital actualizado, más amplio y cómodo, pero con unos protocolos de gestión que de hecho van a impedir que nuestros familiares puedan completar su recuperación en sus instalaciones.
Así que pasan los meses y los años, y los segovianos seguimos muy lejos de tener nuestros problemas sanitarios en vías de solucionarse, y lo que es peor, el personal anestesiado, casi en estado catatónico, sin exigir responsabilidades ni mejoras reales para la población. Porque hay muchos jefes, directores, presidentes, y políticos en general, muy acomodados, probablemente con sus problemas sanitarios solucionados (verán cómo a esos sí les harán hueco cuando un familiar tenga que pasar semanas rehabilitándose), cuando tienen la obligación profesional, ética y moral de salir al paso de estas carencias que sufre la población. Y, por qué no decirlo, unos medios de comunicación que deberían sacar de la ensoñación a los ciudadanos abriéndoles los ojos respecto de las carencias brutales de nuestra sanidad, en lugar de bailarle el agua a los políticos que pretenden vendernos una ampliación absolutamente ficticia.
Plataforma en Defensa del Hospital Policlínico



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