La presente publicación editada por la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce en colaboración con el Excmo. Ayuntamiento de Segovia, es fruto del ciclo de conferencias impartidas en elXXXVII Curso de Historia de Segovia.
Cuando se piensa en un viaje, la imaginación se desborda. Viajar es tan antiguo como el hombre; su origen se pierde en el tiempo. El viaje es un instrumento de conocimiento y de enriquecimiento personal basado en la curiosidad, que representa una metáfora de nuestra vida, limitada por un principio y un final, como el viaje. Sabemos que debemos partir, ligeros de equipaje, “casi desnudos como los hijos de la mar”, en palabras de Antonio Machado, pero siempre acompañados de las sensaciones, percepciones, emociones y sensibilidades de los que nos precedieron.
Ya historiadores como García Mercadal, Hippolyte Taine o García Bellido señalaron la importancia de los diarios, las crónicas o las cartas de los viajeros nacionales y extranjeros que recorrieron España y captaron, no solo lo excepcional o sorprendente, sino también lo insignificante o corriente. De aquí nace el relato personal, casi autobiográfico, donde se analiza el paisaje o la experiencia según la personalidad de cada uno. Su deambular le va allevara otras tierras,otras gentes, y de forma gradual abre su corazóna sensaciones y emociones desconocidashasta ese momento.
El texto puede estar acompañado de imágenes, vistas, mapas o dibujos que ayudan a observar con calma los detalles sin palabras, a descubrir las figuras y los objetos desde otro punto de vista, con una mirada más atenta y diferente. Pero ambos, texto e imagen, ofrecen la posibilidad de establecer una conexión, un vínculo fuerte y directo con el pasado que, sin duda, ayudará a comprender mejor el presente y a diseñar el futuro. Además, como testimonios vivos de la imagen de España y sus gentes, sólidamente anclados en el tejido cultural del país, han servido para forjar nuestro imaginario social y colectivo.
A diferencia de otras ciudades españolas, Segovia, cuna de culturas, fue un lugar de paso obligado para muchos ilustres visitantes que decidieron lanzarse a la aventura sin saber cuántas sorpresas e imprevistos iban a tener que superar en el viaje. Desde la percepción de la ciudad de Abu-Abd Allah Muhammad Al-Idrisi, cartógrafo, geógrafo y viajero árabe del siglo XII, para quien “Segovia no es una ciudad, sino que está formada por muchas aldeas cercanas”, se ha ido produciendo un proceso paulatino de construcción identitaria qué, a lo largo de los siglos, va a definir su imagen, carácter y personalidad. En su génesis y desarrollo participaron transeúntes y viajeros, entre otros, el barón León de Rosmithal de Blatna, en el siglo XV; el noble flamenco Antonio de Lalaing, el embajador veneciano Andrea Navagiero y el humanista Enrique Cock, en el siglo XVI; el abate y diplomático Francisco Bertaut y el cartógrafo Albert Jouvin de Rochefort, en el siglo XVII; el político, Étienne de Silhouette y los historiadores Antonio Ponz e Isidoro Bosarte, en el siglo XVIII; el escritor Sebastián Miñano y Bedoya, el historiador José María Quadrado, y el dibujante Francisco Javier Parcerisa, en el siglo XIX y por último, los pintores, Ignacio Zuloaga, Maurice Fromkes y Javier de Winthuysen, el historiador Ramón Menéndez Pidal, los arquitectos JoaquínVaquero Palacios y Luis Felipe Vivanco, el bibliófiloCarlos Romero de Lecea o el paisajista Leandro Silva Delgado,en el siglo XX.
El contenido de las diferentes conferencias ofrece una panorámica de algunos de los viajeros que llegaron a Segovia. En algunos casos su destino era nuestra ciudad, en otros, los más, una etapa en el curso de un largo viaje, lo que determina su visión y punto de vista. Aunque los motivos del viaje fueron distintos según los criterios de cada época, la procedencia del viajero, sus ideas o prejuicios, usos y costumbres. Indudablemente, la captación de la realidad de la ciudad, a veces un tanto idealizada, ha resultado muy valiosa y útil como documento, tanto por su interpretación en un momento dado como por la difusión de sus percepciones, observaciones o críticas, mediante su edición acompañada, en algunos casos, de dibujos, grabados o fotografías, que han ayudado a la construcción de la visión viva de la ciudad. Segovia, en el transcurso de los siglos, ha recibido todo tipo de calificaciones desde las más elogiosas a las más negativas, que son testimonio primero del devenir histórico y después, del cambio de mentalidad que defiende la conservación de los testimonios del pasado y de lo autóctono, como una actitud ética, que al contrario de lo que se podría pensar, renuncia a ser prisionera del pasado, para poder proyectarse en el futuro como testimonio de una época.
Para finalizar esta breve presentación quiero expresar el agradecimiento de esta Real Academia de Historia y Arte de San Quirce a todos los que han hecho posible la celebración de este ciclo de conferencias y en especial a los ponentes Antonio Linage Conde, María de la O Oliva Herrer, Pablo Martín Cantalejo y Juan Manuel Santamaría López por haberme acompañado y participado en este apasionante viaje hacia nuestras raíces, con sus interesantes y pedagógicas aportaciones, que nos han permitido conocer y descubrir “nuevas visiones” del imaginario mágico de Segovia, ciudad milenaria, donde la historia, el paso de las civilizaciones y la vida urbana aparecen grabadas en piedra en la niebla de los tiempos. Además, en el dédalo de sus calles, rincones y recovecos se han ido acumulando las leyendas y tradiciones de una ciudad cuna de reyes y faro cultural.




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