Sábado, 17 de Enero de 2026
Noticias de Segovia hoy
CulturaSaritísima, para siempre

Saritísima, para siempre

Ana Vázquez | 618 Martes, 29 de Octubre de 2019 Tiempo de lectura:

Pocas veces el Teatro Juan Bravo de la Diputación recibe a sus espectadores como lo hizo ayer domingo; con las luces tenues y el sonido de un piano que recuerda a una mezcla entre café de los años sesenta y cabaret. Con el telón abierto y una pantalla bajada, como si la película estuviese a punto de empezar. Y lo estaba; porque quizás, quizás, quizás, sólo así se puede contar una vida de película −o una parte de la misma− como la que tuvo Sara Montiel, una de las grandes divas de la Historia del celuloide español que, como bien argumenta la creadora de ‘Mi última noche con Sara’, Eva Manjón, recibió muchos, muchos besos, pero nunca un homenaje a la altura de sus ojos.

[Img #53120]

Por ello, y también no sólo por ello, merece la pena sentarse en la butaca del espectador para pasar esa última noche con Saritísima. Porque seguramente la Sara Montiel persona, la que daba paso a la artista de puertas para afuera, la que tenía un nombre interminable y origen manchego, estaría orgullosa del cariño y la melodía escogida por Manjón y sus socio en el guion, David Planell, para llevar a las tablas un trocito de una vida que, como aclaraba una voz en off antes de dar comienzo, no está basado en hechos reales pero sí está repleto de verdad.

 

Y es que verdad, mucha verdad, hay en todo el montaje y la escenografía de Rodetacón; bombillas de teatro antiguo y luz amarilla bordeando el escenario, letreros de neón que dan nombre a un estudio discográfico en el que un chaiselong púrpura y un micrófono shure de los de antes posan en el centro y en el que no falta tampoco ni una barra de bar ni un biombo… Las luces cambian de intensidad y si Sara, si Guadalupe Lancho, que es quien le da voz, cuerpo y mirada, canta, la luminosidad se centra en ella.

 

Antes de que todo esto pase, no obstante, hay un detalle elegido por los creadores que no pasa inadvertido a la ternura y la empatía del espectador: la historia empieza en un primer narrador que, resguardado por una bata, escondido en unas gafas para la presbicia y conocedor de la actualidad gracias a un periódico en papel, recuerda a Sara Montiel como sólo sus contemporáneos la pueden recordar. Una Sara de ojos vivos, de voz seductora y chulesca por momentos. Una joven de esas que, sin ser madrileñas, marcaban bien algunas sílabas con la lengua apoyada en el paladar y los dientes. Esa Sara que las generaciones que vinimos después no llegamos a conocer y muy contraria al recuerdo que guardamos de una Sara estropeada de prensa rosa.

[Img #53121]

Pero la obra de Eva Manjón es un homenaje a la Sarita que deslumbró a Hollywood, que conquistó a Italia y que atrapó a España. A la violetera y a la que fumaba esperando a tantos hombres que, entre los mayores aciertos de ‘Mi última noche con Sara’ −además de un repertorio de canciones con las que el público disfrutó y recordó− está que el único presente sea su productor, Julián Amezcua (Jorge Lucas), y todos los ausentes estén en boca de Curro (Pablo Monteagudo), un grandilocuente seguidor y conocedor hasta del último detalle de la vida de María Antonia Alejandra Vicenta Elpidia Isidora, que ejerce de recurso para dar a conocer, en menos de una hora y media y para siempre, todo lo que significó para una generación Saritísima.

Comentarios Comentar esta noticia
Comentar esta noticia

Normas de participación

Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.

La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad

Normas de Participación

Política de privacidad

Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.6

Todavía no hay comentarios

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.