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OpiniónEl pequeño filósofo Azorín

AL HILO DE LA VIDA. BLOG DE APULEYO SOTO

El pequeño filósofo Azorín

a.sotopa@hotmail.com | 195 Martes, 09 de Abril de 2019 Tiempo de lectura:

[Img #50966]Madrid, últimos tranvías,

mil novecientos setenta.

Un anciano toma asiento

frente a las cuartillas. Piensa.

Su pluma va desgranando

recuerdos, viajes, vivencias.

De cuando en cuando un suspiro:

“ya nunca volveré a Yecla”.

Ha descubierto Castilla,

vieja madraza paniega.

Ha recorrido La Mancha

en busca de Dulcinea.

Ha dormido en sus posadas.

Ha hablado a las mesoneras.

Sabe bien que Don Quijote

se entretenía con ellas.

Lleva a España en un paraguas

rojo de sangre en la diestra.

Monta en rucio como Sancho

y duerme so las estrellas.

El noble anciano describe

las casonas que se encuentra,

casonas y más casonas

ya en ruinas tristes y viejas.

Sus finos trazos retratan

a un orfebre de la Lengua:

párrafos cortos, metáforas

cándidas y frases bellas.

Entre renglón y renglón,

la verde palabra: Yecla,

sobrevolando en el pecho

por la lontananza inmensa.

El pozo de los recuerdos

como la humedad gotea.

“Confesiones de un pequeño

filósofo” el texto reza.

Hay un pueblo azul al fondo.

Ahrimán repite…Yecla.

“Madre, deja de planchar

y sal a la carretera

antes de que rompa el alba,

que Madrid lejos me espera.

Tú vas a decirme adiós,

yo te diré ea, ea,

deja de abrazarme, madre,

que el tren resopla y humea.

Madrid-Atocha estación,

mil novecientos setenta,

con Machado, Valle-Inclán,

Baroja y otra ralea

del 98 ilustre

en letras, letras y letras.

Baroja se gasta boina,

Machado huye de Baeza,

Unamuno a Salamanca

abandona con tristeza,

Juan Ramón se hace también

alumno en la Residencia.

¡Qué estudiantes más brillantes

con Dalí a la cabeza!

Los Cristos crucificados

son su imagen y su esencia

aunque ateos se pregonan

tras su turbia adolescencia.

¡Oh colina de los chopos,

oh qué compañía excelsa,

oh qué noches a la luna,

oh qué madrugadas ciertas

con la aurora rosicler

despertándoles alerta!

Azorín no se ha olvidado

de su Yecla, Yecla, Yecla

de viñedos alongados

sobre la verdosa vega

y escribe, escribe y escribe

los brazos sobre la mesa.

Menchirón, Águeda, Antonio,

Mayalde, Miranda, Peña

y un venerando escolapio

en sus oídos resuenan.

“Ya es tarde”, dice una voz

entre materna y paterna.

“Ya es tarde”, repite el eco

de iglesias y bibliotecas.

“Ya es tarde” y volver a casa

retumba por su conciencia.

Pero él cada día más

hijo pródigo se aleja.

Luce una luz en la noche.

A por ella, a por ella.

Por toda la eternidad

brillan sus prosas viajeras.

Madre, deja de planchar.

Atrás ya se quedó Yecla.

 

 

http://alhilodelavida.blogspot.com/
918470225

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