Ella ya no sabe quién es,
no habla de corrido,
balbucea sin ton ni son,
se le cae la baba de la boca,
se le desprenden los anillos y los pendientes,
mastica poco y mal,
se le echaron los dientes a perder.
Apenas siente,
me desconoce
a pesar de haberme amado tanto,
el tiempo se le agota devorándola.
Tiémblanle las piernas en las escaleras,
le flaquean las rodillas
y los huesos de las caderas.
Apenas toma el ascensor,
sale poco a la calle,
lo toca todo
y lo cambia de lugar.
Se ríe sola
como una tonta
ante los nietos y los gatos.
No sabe ni lo que hace,
duerme penosamente,
bebe agua que no para
e ignorando por qué.
¿Qué hacer con ella?
Quererla
con inmensísima paciencia.
Se aferra al bolso de la mano
en vez de a la barandilla
que puede sostenerla
y no le escucha a nadie
porque es muy suya
o eso se cree
desde que joven era.
Lo malo de este cuento
es que todos seremos
un día como ella.
http://alhilodelavida.blogspot.com/
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