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UN MINISTRO: De Cultura precisamente. Se apellida Guirao y a lo mejor por eso hizo gala en su toma de posesión de expresiones como: “Es un día complicao”, “ha renunciao”, “las he atracao”, “el secretario de estao”, “hay cosas que dan resultao”…
Pero eso sí, se mostró orgulloso de “su paso por el Museo del Prado”. Suponemos que eso de pasearse por el prao le debió parecer ya mucho.
UNA GENÉTICA: La del recién premio Extraordinario de Bachiller Francisco Tomás y Valiente. Nieto del jurista del mismo nombre asesinado por ETA en su despacho, privándonos alevosamente de uno de los hombres más sabios y honrados de su generación, y que ha aprovechado su pequeño discurso de aceptación para decirnos cosas como que “la calidad educativa no puede reducirse a la excelencia académica, sino que también debe contemplar la equidad. La prioridad no podemos ser aquellos que obtenemos resultados considerados como excelentes. La prioridad tienen que ser aquellos que tienen más dificultades. No solo son excelentes aquellos que obtienen óptimos resultados sino muy especialmente quienes consiguen progresar desde circunstancias menos ventajosas, en ocasiones con problemas familiares, aprietos económicos o dificultades de aprendizaje. No podemos permitir que el olvido de nuestra suerte presida esta celebración”. Gracias Paquito, hoy dormiremos mejor.
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UN OLOR: A podrido. Ese que para percibirlo no hace falta introducirse en el túnel del tiempo ni en la ficción de la Dinamarca de Hamlet. En pleno corazón de la España de hoy mismo los dos últimos rectores de la Universidad Rey Juan Carlos apestan y no solo por los aspectos académicos que todos recordamos. Los tejemanejes del actual, promoviendo una empresa rarita que firmaba convenios leoninos con esa universidad cuya Escuela Superior de Ingeniería dirigía él mismo, apestan y la más elemental higiene ética exige que sean fumigados ya. Y con ellos dentro.
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UNAS QUEJAS: Las que con toda razón suscitan esas obras en la C/San Juan. Con unos tiempos de ejecución tan largos como imprevisibles, unos turnos de trabajo ineficientes para una obra que va a cortar en tres una ciudad ya partida en dos desde hace años, y que de propina obligan a instalar en lo poco que queda abierto al tráfico en la vital Pl. Oriental (tras una drástica e inoportuna reducción de su tamaño, en aras de “proteger” al Acueducto), una estación de autobuses. Pensar en lo que se va a convertir ahora la puerta de San Cebrián da mareo.
Tampoco son injustas las planteadas por los conductores de autobuses urbanos que manifiestan el riesgo en que ponen su salud y la de sus viajeros debido al estrés que les produce intentar mantener unas frecuencias en muchos casos imposibles por el estado lamentable de la flota y de algunos recorridos. ¡CHA-PU-CE-ROS!






Bisnieto de Lao-Tse | Viernes, 22 de Junio de 2018 a las 10:04:16 horas
Gracias por estos mil números.
Y por ayudarnos a desenmascarar trileros
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