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AL HILO DE LA VIDA. BLOG DE APULEYO SOTO

Recordatorio

a.sotopa@hotmail.com | 84 Lunes, 05 de Febrero de 2018 Tiempo de lectura:

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Ayer, ayer, ayer…

No guardo más que ayeres,

flores mustias marchitas,

recuerdos enredados,

mariposas claveteadas,

conversaciones abolidas.

Ayer, ayer, ayeres.

Aquel tímido beso,

aquel sensual abrazo,

aquel amigo de la infancia,

aquella hoja de fresno entre las hojas del misal,

aquella fina espina del zarzal emboscado,

aquella higuera madre del portal de la abuela,

aquel lagarto inmóvil en la tapia,

aquella sanguijuela.

Ayer, ayer, ayeres.

El dedo machacado en la campana —el dedo corazón—,

el ojo de don Flores,

el ojo de María,

el ojo del Hermano Superior…

Ayer, ayeres.

El amarillo manuscrito

del primer poema niño,

el armonio de padre sonándome en el alma,

las manos de Alejandra repartiendo el fijador sobre mi pelo,

la cesta de cangrejos de Juanito,

el Duratón corriendo,

el Cega entre arenales y espadañas,

el Cerquilla con ranas y culebras,

el ramo de retamas en la misa del Domingo de Ramos.

Ayer, ayer, ayeres.

El currusco de pan que el cura daba al sacristán,

los calcetines rotos,

la roña de las piernas en invierno

con madre al estropajo dándole, dándole,

el aro, la peonza…

y un montón de alfileres escondidos en la tierra redonda,

las chapas y las tangas del chito coronado

con grises perras gordas.

Ayer, ayeres.

El “prao” Ancho en abril,

las campanillas,

la parada del Bizco

con Lurdes de la mano,

el autobús de línea sofocado a la entrada del pueblo

sobre el puente Chiquito

junto al transformador,

las bombillas cansadas de dar lumbre,

el farol, los candiles,

el camión de castañas,

las naranjas de Wasington,

la bodiguera…

Ayer, ayeres.

El Parque de San Pedro, de Griñón,

la luna de Granada en Sierra Elvira,

Veleta amaneciendo,

Mirador de Rolando, agua a caudales,

laguna verde de las Siete Yeguas…

y Sevilla lloviendo.

Ayer, ayeres.

De redacción en redacción

por un Madrid tostado

en el 68, siglo XX,

tranvías en la noche,

top-les en las cafeterías,

Rosi Bule bailando,

Santa Cristina en el alero de la enseñanza de los ricos

y una santanderina madrileña púber-preu

buscándome y buscándome

para después dejarme.

Ayer, ayeres.

Mi enramada librería,

mi casita en Somosierra,

mi escuelita de Braojos,

el perrito Calcetines,

el perrucho Blum, Blum, Blum,

el perrazo Poldak fiel.

Ayer, ayer, ayeres.

Fez, Tetuán, Marraqués,

París, Florencia, Roma,

Ámsterdan, Brujas, Berlín,

Ródano, Elba, Danubio,

Volga, Tíber, Sena y Rin.

Y los Alpes y Apeninos

y los Andes y los Cárpatos,

los Urales y los Atlas

y otros montes recorridos a pie enjuto.

Recuerdos del ayer, ayer, ayeres.

Méjico lindo y querido,

Bolivia, Uruguay, Brasil,

Paraguay, Ceilán Hawai,

Java, Bali, Singapur…

Nunca los logré olvidar.

Tras el trago de la vida

conmigo a bordo se irán

sin retorno a lo pasado nunca más.

No me poseo,

estoy sin nada ya,

ya no hago pie.

La muerte va a ganarme la partida prontamente.

¿Quién fui? ¿Quién soy? ¿Y quién seré?

El cuerpo deposito,

el alma vuela y va

a regiones etéreas

que nadie sabe ni sabrá.

(Todo lo dicho es

un somero inventario

del ayer transeúnte

y el amor obstinado.

Caja de resonancia son los versos —caja de plata—.

Aquí los dejo para ti).

 

91 8470225
http://alhilodelavida.blogspot.com.es

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