El optimismo es un factor imprescindible para quienes nos dedicamos al mundo de la empresa. Forma parte de nuestra naturaleza, porque sin una actitud positiva, sin la confianza en que saldrán bien las cosas, resultaría temerario emprender.
En las organizaciones empresariales también es un elemento vital, fundamentalmente cuando nos toca analizar la situación económica y, sobre todo, realizar previsiones sobre lo que vendrá. Desde ahí, desde el optimismo, debemos empezar 2018 pensando que es un año de oportunidades.
Ese titular, ese pensamiento, no borra ni las incertidumbres ni las amenazas, que las hay. Sobre todo, y esta es la idea central de esta reflexión, la agravante pérdida de población que sufre la provincia de Segovia. Los últimos datos apuntan a que en solo un año ha descendido el número de habitantes un 0,29%, ahondando en una tendencia de claro retroceso.
No tiene buen color. Los jóvenes emigran, la población cada vez está más envejecida, el crecimiento vegetativo es negativo y no se identifica en el horizonte cercano ningún elemento esperanzador que cambie la curva.
Si existe un reto común, que debe aunar a todas las administraciones y a toda la sociedad, ese es el de conseguir frenar, y revertir, esta sangría de población que nos empequeñece no sólo en el padrón, sino que supone una pérdida de peso en la Comunidad y en el país, un lastre para la competitividad y un serio peligro para el destino mismo de la provincia.
Desde FES nos ponemos a disposición de las instituciones para abordar este gran reto, que también es una gran amenaza. Sin demora y sin titubeos, sin medallas y sin competiciones.
No es fácil, pero nosotros tenemos claro que uno de los pilares del edificio ha de ser el incremento del censo empresarial de la provincia, y por tanto de empleo, y por tanto de incentivos y atractivos para fijar población e incrementarla en una segunda fase.
Y estamos trabajando en un proyecto para ello, que hemos bautizado como Segovia 2025, porque entendemos que es nuestra responsabilidad como organización empresarial. Queremos diferenciarnos del entorno, superar de una vez esa suerte de maldición por la que Segovia sigue sin resultar un territorio atractivo para la generación de actividad económica, más allá de sectores muy concretos.
Queremos, por tanto, que la iniciativa no nazca escueta ni mermada, que sea potente y eficaz, y hasta que no estén los cimientos sólidos no la presentaremos porque lo que menos deseamos es vender humo, o sumar pequeños gestos que de forma aislada son completamente fútiles.
Sumando todos proyectos y esfuerzos para resituar esa base, la de la población, 2018 podrá ser el año de las oportunidades al que me refiero en el título de esta reflexión compartida y Segovia también una tierra de oportunidades.
He hablado de amenazas y debilidades, pero también de optimismo, basado en las fortalezas. La lista también es amplia, y por eso merece la pena el esfuerzo, porque hay base. Tenemos talento, eso es indudable; carácter emprendedor, desafortunadamente más presente fuera de la provincia que dentro, sobre todo entre la población joven; y tenemos recursos, naturales y humanos, condiciones idóneas para actividades que apuesten por la sociedad de la información, la economía del conocimiento y las nuevas tecnologías.
Optimismo frente a rendición, y oportunidades para superar las amenazas.





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