Tres de las reses han tenido que ser sedadas antes de llegar al recorrido por las calles, y las tres restantes han hecho su aparición en la plaza por separado.
Si el primer encierro de las fiestas lo protagonizaron los heridos, el segundo, con toros de Arcadio Albarranz, a pesar de dejar siete personas accidentadas, dos por ellas por asta de toro pero con heridas leves, ha centrado los focos en las propias reses y en los caballistas, quienes han tenido que emplearse a fondo para encauzar a una manada díscola.
No en vano, tres de los seis toros que tomaban salida en el encierro han tenido que ser sedados por diferentes motivos. Las dificultades se han presentado principalmente en la zona de pinares, donde uno de los animales se escapaba, siendo finalmente anestesiado, y el resto terminaba corriendo la misma suerte por no cruzar el paso del Cerquilla.
Los tres que finalmente sí han llegado a acceder al recorrido por las calles lo han hecho por separado, uno de ellos después de embestir contra las talanqueras en la zona del embudo y causar momentos de tensión hasta que un caballista ha conseguido reconducirlo. Así, dispersos, entraban también en la plaza después de una hora y media desde la suelta.







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