Miles de personas llegadas de diferentes partes del mundo disfrutaron, un San Luis más, viendo correr las fuentes en los jardines del Palacio Real.
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Había niños en brazos, adolescentes en tirantes, monjas latinoamericanas con el hábito hasta los pies y búlgaros hablando perfecto castellano. Había padres llevando en mochilas a sus bebés, madres secando la cara a sus hijas, señoras que no paraban de hablar y abuelos mudos contemplando el espectáculo por primera vez. Había un helicóptero vigilando todo desde el cielo y niñas cansadas queriendo sentarse en el suelo, antes de que éste se empapase por completo. Había miles de personas en los jardines del Real Sitio ayer, y sólo quien había participado en los Juegos de Agua de las Fuentes Monumentales alguna vez creía que sabía que no se iba a mojar. Pero quien tiene la llave mueve el juego en alguna de esas enormes fontanas, y quiso que pocos no se encharcasen hasta las plantillas de las zapatillas; incluido el bebé de la mochila.
Así que además de carcajadas y gritos de diversión, ayer en La Granja hubo alguna que otra lágrima cayendo por los mofletes de los más pequeños, aún incapaces de entender la majestuosidad que otros trataban de atrapar en pantallas de teléfonos inteligentes, menos inteligentes, iphones e incluso ipads. "¿Cómo era esto cuando no había móviles?" "¿Cómo era esto cuando había mucho agua?", pensarían algunos. Había quien llevaba cámaras analógicas y quien, con una cámara réflex, le echaba cara y se hacía pasar por medio de comunicación para tener acceso a la mejor perspectiva.
"Estoy disfrutando como un enano", se le oía comentar al búlgaro en perfecto castellano, mientras la señora que no paraba de hablar optaba por cerrar la boca para no pegar un buen tragón. Los adolescentes bailaban y saltaban bajo los chorros, se quitaban la camiseta y trataban de ondearla, en un ejercicio cada vez más complicado por el peso del agua. "Poneos detrás de la bandera, ellos seguro que se colocan donde se ve bien y no te mojas", se escuchaba decir a una madre precavida en el paseo de una parada a otra. Había quien iba de fuente en fuente y quien prefería saltarse la siguiente para tener un buen sitio en la próxima.
Las ranas, Los baños de Diana, La Fama... El espectáculo se iba acabando y La Granja, aguada y aguda, volvía a dar motivos para entender por qué hay ocasiones, muchas, en las que lo más apropiado es llamarla el Real Sitio de San Ildefonso. La fiesta terminaba, las fiestas iban llegando a su fin.













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