Varios espectáculos se han visto interrumpidos de forma puntual por la lluvia, que, intermitente, ha dado tregua en algunos momentos del jueves y el viernes.
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Titirimundi 2017 lleva dos días en las calles de Segovia buscando rayos de sol por todos sus rincones. El tiempo está siendo el principal impedimento para que todos los espectáculos ocurran en hora, y aunque de vez en cuando la lluvia da tregua, como si quisiese mover todos los hilos del Festival, otras veces aparece de forma casi torrencial y obliga a mirar más al cielo que a los escenarios de calle.
De cualquier forma, esta circunstancia no está impidiendo que titiriteros y público estén intentando poner al mal tiempo buena cara, y que, a pesar del viento y las amenazantes nubes, muchos artistas estén atendiendo a su público expectante y estén subiendo, al menos el telón, como ocurría ayer, por ejemplo con Mutis Teatro en la Plaza Mayor o con The Pish Dolls en la Plaza San Martín; eso sí, con la inmediatez atenta y los plásticos preparados para cubrirlo todo y volver a intentarlo más tarde.
Otros plásticos, los que maneja y magneta Non Nova dejaron impresionados, por otra parte, a niños y mayores que asistieron a su actuación en San Juan de los Caballeros. Como el artista no quiere que se le hagan fotos, se entiende también que tampoco quiere que se hable de su veterano espectáculo, por lo que lo mejor es haber estado más rápido que el aire de un ventilador y haber comprado entrada. Si no, mala suerte; el año que viene quizás haya otra oportunidad para, como dice el domador de pulgas más famoso del mundo titiritero, Dominique Kerignard, esperarle "con canas".
El Festival sigue los próximos tres días con más espectáculos, de teatro, de patio y de calle y también con mejores expectativas respecto al tiempo, mientras sus organizadores desean que así sea y que Titirimundi adquiera el color del que todos hablan cuando hablan de su 'magia', palabra tan gastada como necesaria para un evento que se completa con una exposición que alimenta la imaginación y la creatividad. Si las nubes vuelven a molestar y el cielo no se cansa de llover, lo mejor es cruzar la puerta del Torreón de Lozoya, afilarse los ojos de ver detalles y disfrutar con el mundo de objetos reconvertidos de Gilbert Legrand.
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