El espectáculo de las pulgas Mimi, Lulu y Sasa lleva más de 20 años conquistando al público mayor y menor del Festival de Titirimundi y su artífice, Dominique Kerignard, es uno de los personajes más queridos dentro de la familia titiritera segoviana.
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"¿Las habéis visto?" le pregunta un padre a sus hijos al salir de El Circo de las Pulgas. "Pues claro!", contesta el pequeño. "¿Y cómo eran? Yo no las veía desde donde estaba", vuelve a preguntar el padre con interés. "¡Pues cómo van a ser! ¡Negras!", le dice el mayor con una lógica tan aplastante como infantil. Lulu, Mimi y Sasa no envejecen; siguen ahí después de más de veinte años siendo las actrices principales de la compañía Petits Miracles (Pequeños Milagros). "Todavía hay gente en Segovia que no ha podido verlo; a mí la gente me está esperando con las pulgas", revela fascinado su domador, Dominique Kerignard, antes de confesar : "me he dado cuenta de que me paso la vida haciendo reír a la gente".
Con su espectáculo es imposible no conseguirlo. Hay quien va año tras año a verlo -es cierto- por el simple hecho de abandonar la historia, a las tres pequeñas pulgas a su suerte, sobre sus piruetas y trucos acrobáticos, y posarse, como Kerignard posa a la pequeña Mimi sobre la oreja de uno de los niños cómplice -los que él ve que sobrepasan la edad de la inocencia-, sobre los ojos del resto de niños que, entre incrédulos, expectantes y asustados, osbervan las insecticidas actuaciones.
Los padres también cumplen un papel fundamental en El Circo de las Pulgas. Es sobre ellos sobre quienes se apoyan las miradas de incomprensión, alucinación y temor, y es a ellos a quien también se aferra el domador, para que la historia sea aún más convincente a ojos de los hijos. "Como estamos muy cerquita puedo mirar a la gente en los ojos, lo que pasa, lo que me hace disfrutar es la interacción", cuenta a la prensa un Kerignard absolutamente irreconocible sin su chaqueta roja, con botones dorados, y su bigote de francés de otra época. "No sé dónde se ha quedado el domador, se ha quedado durmiendo a las fieras", bromea uno de los titiriteros a los que más quiere Titirimundi y de los que más quiere a Titirimundi.
Sin ir más lejos, el año pasado, a pocas semanas de comenzar el Festival, Kerignard perdió a su mujer. Y sin embargo, aquí estuvo haciendo reír y, sobre todo, sonreír, una vez más, a la gente con sus diminutas amigas. "Al principio dije que no venía, pero después... necesitaba venir y apapachar a mi familia", dice en español latino con una pulga de acento francés, cuando ya se han ido las cámaras y los micrófonos y, preguntado por esta circunstancia, revela que haciendo acrobacias con el guión de El Circo de las Pulgas fue como conquistó al amor y la suerte de su vida. "Mi vida han sido siempre pequeños milagros, por eso le puse ese nombre a la compañía", cuenta con otra pulga de emoción.
Para el domador de ternura más famoso de Titirimundi, "lo que pasa aquí es la emoción, son los amigos, es esta oportunidad de ver cosas que no se ven normalmente, saber que estás colaborando en algo importante para la gente, pero también para nosotros, los titiriteros; es muy fuerte lo que ocurre aquí en Segovia". Y con una amplia sonrisa y sus significantes ojos azules, dice, refiriéndose al festival de marionetas más importante del mundo, Charleville-Mézières: "es muy grande, muy mercado... a mí me gusta más venir aquí. Hay más amor aquí".






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