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AL HILO DE LA VIDA. BLOG DE APULEYO SOTO

Estación términi

a.sotopa@hotmail.com | 21 Miércoles, 28 de Diciembre de 2016 Tiempo de lectura:

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Ya voy llegando poco a poco al término final.

La vida tiene un precio y lo pagué,

aunque bien me gustaría que volviera a comenzar,

no por nada en concreto

sino por alargar el regaliz de la vejez audaz.

En el camino se quedaron

dolores, ilusiones… y algún golpe mortal

con el que el corazón

se me negaba a andar.

Le di cuerda otra vez

y oí tic, tac, tic, tac…

Aún no era la hora de caer

en las redes del mar universal

que es el morir,

y eché la vista atrás

como un observador

a un ritmo cadencial:

las clases, los estudios, los maestros,

los gozos, los trabajos y ejercicios de buena voluntad,

las limpias amistades,

el estrago carnal,

las gremiales tertulias,

el afán de montar

el teatro de niños

que implicaba mi afán…

y así, mil quisicosas

que estaban por contar.

Entre bautizos, bodas

de arroz albal,

conciertos, recitales

y viajes a la mar,

me holgué, reí y lloré

hasta la saciedad.

Ríos atravesé

con el agua en la boca de tanto bracear,

montañas ascendí pie a pie hasta la cumbre

por sentirme capaz

andando a bien conmigo

sin hostigar a los demás.

Toqué campanas

como hijo de sacristán

y asistí a misas

diarias sin parar

hasta que al fin la fe

se me rompió como un cristal,

siempre amando y cantando,

siempre con la señal

de la Cruz en la frente y en el pecho

por no ser menos en la verde edad

que los que sí gozaban

de piedad y sentido espiritual.

Solo hice lo que quise

en cualquiera ocasión y lugar,

pero a nadie negué

un pan con sal,

un abrazo, un cuaderno, una rosa,

una pluma, un whassapp.

Eché una mano al bien

y me aparté del mal.

Contradictorio fui

¿y cómo no, si la mente es dual

y uno no puede sujetarla

porque no es capataz

de nada ni de nadie

en la vida real?

Las mujeres, Dios mío,

en cierta/incierta edad,

no me supieron comprender,

ni asumir, ni tratar,

pero acaso por eso me libré de enredarme

en su cuerpo frutal,

¡oh cabellos poéticos de oro:

Dante, Petrarca, Garcilaso, Boscán!

¿Qué hacer por tanto ahora,

en la hora fatal?

¿Colgarme de su cuello

u olvidar, olvidar?

¿Quién me dará su olvido,

quién me suplantará?

¿Dónde ese abrazo último?

Cuándo ese enlace unibucal?

¿Cómo volver a ser

el que no fui jamás?

¿Y por qué y para qué

trasformar la verdad?

Mejor seguir callado,

mejor no preguntar.

Aquel curso en Varsovia

de profesor en su Universidad

leyendo a Lorca por el Vístula

con Agñusca, Kapuscinski, Malgorzata, Pasternack…

¿quién me lo trae a la memoria,

quién me lo quiere refrescar?

Cantábamos, llovía y nos amábamos,

los abedules susurraban sin cesar

y un vino tinto húngaro

se escurría delicioso al paladar

en tanto resonaba

el eco del primer retsina dulce y patriarcal

de las islas helenas

en su constante marear.

Son humanos los besos.

Es divino el azar.

Allí en Varsovia,

los groselleros a reventar.

Allí el vodka rodando

de copa en copa de cristal.

Allí las flores mínimas, humildes,

de mano en mano de las chicas deseosas de agradar.

Era todo lucirse

con las rosas de Ronsard.

Era todo correr por praderas boscosas.

Era todo soñar.

Era todo morirse de dulzura.

Era todo indagar, indagar, indagar.

Viví más en dos meses

que en cuatrocientos años más.

Las hojas verdes, secas,

volaron ya.

Desnudo el árbol

como el hombre está.

Las nieves del invierno

de la tercera edad

me derrotan los pies,

y tropezar

es lo que sé,

lo que mejor me va.

Estación Términi a la vista,

cruce fatal,

dadme las gafas

de aquí y de Allá.

Luz, luz, más luz,

¡Ah, ah, ah, ah!

Se borra el horizonte de la tierra,

comienza el mar;

sin duda existe

otra distinta realidad.

La barca de Caronte

quiere presto zarpar.

Los tristes, los cansados,

los desesperanzados sin hogar…,

traed el óbolo debido

no vaya a naufragar

y que otros lleven

las flores funerarias a nuestra sima sepulcral.

El sueño nos invade.

Habrá que despertar

por un momento al menos,

el momento final.

Adiós, playas, favonios…

Adiós, adiós. Callad, callad.

 

 

91 8470225

http://alhilodelavida.blogspot.com.es

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