Los toros de la ganadería Castilblanco han protagonizado un recorrido lento, que ya entró con un retraso aproximado de media hora en el trazado urbano.
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No ha sido un encierro normal el que ha tenido lugar esta mañana en Cuéllar. Los toros de la ganadería Castilblanco han estado revoltosos y algo perezosos desde un primer momento y esto ha hecho que, para empezar, sólo tres de las seis reses estuviesen controladas durante todo el recorrido de campo, llegando a entrar en la plaza.
Por el camino han quedado otras tres, dos de las cuales han debido ser sedadas en el trazado del campo y otra, debido al cansancio ha quedado en la parte media del embudo junto a los caballistas, que han intentado reagruparla sin éxito.
Además, la actitud de los toros ha hecho que el encierro se retrasase de tal manera que, hasta aproximadamente las 10:05, no se ha podido ver al primero de ellos por el circuito urbano. Una vez dentro de las calles de Cuéllar, los dos primeros toros han entrado en la plaza, de nuevo con lentitud, pero sin provocar ningún contratiempo, mientras que la última res ha necesitado más de 25 minutos para entrar en el recinto. El toro ha desafiado al reloj y se ha plantado junto a la puerta de entrada de la plaza de toros, sin apenas moverse y amagando en más de una ocasión con volver al trazado urbano, hasta que al fin, a las 10:40 ha decidido entrar.





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