El preparador de porteros de la selección absoluta recordó su infancia y manifestó a las autoridades la necesidad de más instalaciones deportivas.
Este año el calendario ha sido tan caprichoso, que ha obligado a los vecinos del barrio del Cristo del Mercado a llevar a cabo la subida del Mayo y la lectura del pregón de sus fiestas, casi el mismo día que éstas finalizaban. De modo que el acto que tuvo ayer lugar por la tarde dejó un sabor agridulce, teniendo en cuenta que hoy finalizan las celebraciones.
Con un pregonero recientemente proclamado campeón de Europa de fútbol sala con la selección española, que se dice pronto, los vecinos del Cristo asistieron a lo que el presidente de sus vecinos, Juan Bautista Mullor calificó de "uno de los actos más populares y más históricos de la ciudad". Mullor se remontó a 1541, cuando "los que habitaban el barrio eran agricultores, ganaderos y hortelanos" y celebraban el 2 de mayo casi del mismo modo que se hace hoy en día.
La alcaldesa, Clara Luquero, que no quiso perderse la fiesta, puso la celebración a la misma altura que el acto del 2 de mayo en memoria de Daoíz y Velarde que había tenido lugar por la mañana en el Alcázar, y cediendo el micrófono al pregonero, César Arcones, repitió el tradicional "¡Viva el Cristo del Mercado!".
César Arcones: "Desgraciadamente muchas veces necesitamos salir para agradecer lo que tenemos aquí"
El seleccionador sub18 de fútbol sala y preparador de porteros de la Absoluta, César Arcones, fue el encargado de pronunciar un pregón que finalizó haciendo un simil con un partido de fútbol sala, instando a sus vecinos a disfrutar "de los minutos finales del partido, jugando como las grandes finales, con la cabeza fría y el corazón caliente".
Arcones, que no se olvidó de dejar un recado a las autoridades en forma de necesidad de instalaciones deportivas, pidiendo al Mayo que ejerciera de capitán, deseó que el barrio diese en el futuro grandes deportistas, profesionales o no.
Antes, el seleccionador había recordado su infancia en el barrio y había manifestado que había encontrado "aquí, junto a la estación, el hogar de la familia". Hecho a coger trenes y aviones por doquier, César Arcones había hecho alusión también a esos momentos en los que regresa al barrio y descansa en casa, "acostumbrado a vivir en hoteles de medio mundo". "Desgraciadamente muchas veces necesitamos salir para agradecer lo que tenemos aquí", comentaba, y afirmando el orgullo que le producía pertenecer al barrio y reconociendo que en el Cristo se sentía protegido, ponía fin a su pregón con los correspondientes y necesarios 'vivas'.





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