La lluvia, amenazante a lo largo de todo el día, finalmente no hizo su aparición y permitió el desarrollo total de la procesión de Viernes Santo.
La muerte a veces tiene una vida lenta; con golpe pausado de tambor y notas largas de corneta. Así fue la de Cristo y así, como cada Viernes Santo, la transmitieron ayer las distintas cofradías segovianas, que conmemoraron la muerte de Jesús y celebraron la de la lluvia, amenazante durante todo el día, pero finalmente condescendiente con quienes viven la Pasión en sus diferentes dimensiones.
Y es que un año más, Segovia, fotogénica como pocas cuando ve pasar por sus calles y sus arcos a túnicas moradas sobre caballos blancos, capuchones de colores e imágenes de Cristo y de la Virgen en todas sus oraciones, sacó todos sus dispositivos para captar los momentos de los que ya nunca existen negativos.
Niños agarrados de las manos mientras sus diminutos pies dan pasos agónicos. De un lado a otro. De manera casi mecánica. Si uno pierde el izquierda-derecha, algún “pom” de tambor le encuentra. Incienso volando hacia arriba y cayendo hacia abajo. Ojos escondidos. Rostros ocultos. Y otro “pom” multiplicado. Pies descalzos. Madera sobre los hombros. Niños cruzados.
La oración en el huerto, la flagelación, Jesús con la cruz a cuestas, la virgen de las Angustias... y la cruz. La cruz también de aquellos que intentaban conservar el silencio que requiere la muerte y que, sin embargo, escuchaban a su alrededor conversaciones sobre el tiempo, sobre las cosas que poco tienen que ver con la pasión y sobre los detalles que destellan entre faroles que cuelgan de cuerdas, y faroles que se tienen en pie.
El Santo Cristo en su última palabra, la Soledad al pie de la cruz, el calvario, María Magdalena junto a Jesús, la Piedad, el Cristo de los Gascones… No hay año en que las articulaciones de éste no desarticulen las palabras de alguien entre el público. Segovia tenía una vez más a quien vivía su Pasión por primera vez, a quien resucitaba su fe y a quien, indiferente a lo que miles de ciudadanos esperaban con paciencia durante minutos y horas, paseaba por caminos y calles paralelas.
Como si a escasos metros de esos lugares, y a pocos centímetros del Acueducto, camino del sepulcro, la soledad Dolorosa no hiciese sonar a sus músicos las últimas notas de duelo. Como si a escasos metros de esos lugares, la ciudad no fuese apagando el ruido de su Viernes Santo poco a poco, lentamente, tres horas después del comienzo de sus primeros pasos.






Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.222