El público segoviano respondió a la llamada de la Academia de Cine y de Gas Natural Fenosa y llenó el Juan Bravo para asistir a la proyección y el coloquio de la película de Lara Izaguirre
Las colas que llegaban ayer, alrededor de las 18:40 horas, hasta más allá del quiosco de la Plaza Mayor eran delatadoras; Segovia se preparaba para agradecer el hecho de que la Academia de Cine y Gas Natural Fenosa hubiesen pensado en el Teatro Juan Bravo de la Diputación para proyectar ‘Un otoño sin Berlín’, película nominada a los Premios Goya, gracias a una interpretación de Irene Escolar que difícilmente le dejará sin premio. Segovia, desde luego, cruza ya los dedos para que el día 6 de febrero el nombre que suene como el de mejor actriz revelación sea el suyo.
Y no sólo porque la joven actriz, quien confesaba durante el coloquio posterior a la proyección que “de pequeña ensayaba con los Goya de mi familia delante del espejo”, fuese simpática y empática durante el intercambio de preguntas y respuestas con el público, también porque la mezcla de nostalgia y plomo de los jerseys y las expresiones de June en cada escena de la película abrigaron y pesaron a más de uno. Por esto, por la escena final en la que la protagonista mira con rabia a su pasado a través de la ventana de un autobús, por su paciencia con su personaje de reparto, por los silencios de la película de Lara Izaguirre que cuentan muchas cosas, a pesar de que el público ayer pidiese una segunda parte del filme para encontrar respuestas, Segovia es desde la tarde del 30 de enero, un mucho de June en la noche del próximo sábado día 6.
“Era un guión imperfecto, pero tenía alma”, confesaba Irene Escolar cuando le preguntaron qué pensó al recibir el texto de Lara Izaguirre. También, que “es difícil que ofrezcan papeles protagonistas a una actriz, así que lo vi como una oportunidad para abrirme camino y darme a conocer”, reconocía Escolar, quien aprovechó la ocasión para anunciar que el 19 de febrero se estrenará la película ‘La corona partida’, en la que interpreta a Juana ‘la loca’, otro largometraje en el que el público tendrá ocasión de comprobar que Irene Escolar no es una actriz de paso. Esto, de cualquier manera, ya es conocido por muchos que la han visto sobre las tablas de un teatro, tarea siempre más compleja y menos recompensada, pero que como apuntó alguien entre el público, hacía hablar a Irene sobre su experiencia de un modo diferente. Con sus ojos claros más llenos.
La actriz hablaba de sus obras de teatro como June de Berlín, y recordaba su participación en ‘Agosto’, junto a Carmen Machi y Amparo Baró afirmando que se “quedaba entre cajas en la escena del pescado y se me ponían los pelos de punta cada vez que las veía”. “Es bonito aprender eso cuando eres joven, porque a mí me gustaría ser igual que ellas de mayor”, afirmaba Irene Escolar.
Volviendo a ‘Un otoño sin Berlín’, la actriz manifestaba, ante algún comentario de incomprensión de la trama por parte del público que “las películas que a mí me gusta ver son las que me dejan pensar”. Y ‘Un otoño sin Berlín’ lo permite. Y mucho. Toda película que comienza con un viaje en tren y acaba con uno en autobús debería hacerlo.
Entremedias, una historia complicada; la de Diego (Tamar Novas) y su decisión de cerrar sus puertas y ventanas al mundo, recluido en su papel y su bolígrafo, en sus cuentos sobre Berlín, en su vida sobre un folio, imposible de vivir porque “tiene una enfermedad a la que aún estamos intentando poner nombre”, admitía entre sonrisas Irene Escolar. La actriz, además, apuntaba que “hay algo de autobiográfico en la historia que aún no hemos conseguido sacarle a Lara; su historia debió quedarse ahí y por eso se queda ahí también en la película”.
‘Un otoño sin Berlín’ no es una película amable. Es tierna, pero no amable. Simpática y espontánea sólo en las escenas en las que Lier Quesada interpreta a un Nico que se convierte en le petit prince de la historia, llegado de otro planeta con sus grandes ojos azules y su cara de alienígena. ‘Un otoño sin Berlín’ es más dura de lo que puede parecer a través de una pantalla. Es una película que refleja el peso de los días que tienen sobre sus espaldas sus personajes, y que permite a Irene Escolar, en la piel de June, llorar con ganas y sonreír de medio lado; algo que bien hecho, bien vale un Premio Goya. ‘Un otoño sin Berlín’ va ganando ritmo y color a medida que Diego va viendo la luz, pero a veces los circunstanciales no se eligen sobre una guía turística y, por si acaso, hay que ensayar la cara de perder, como reconocía risueña Irene Escolar cuando se le preguntaba qué pasará si no consigue el Goya.
De momento, puede estar segura de que Segovia y el Teatro Juan Bravo le dan un abrazo tan sentido como ese con el que Nico y June se despiden, y la despide cruzando los dedos y deseándole toda la suerte que ayer pedía para el próximo sábado.





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