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ELS JOGLARS VUELVE A LLENAR EL JUAN BRAVO

El eVIPgelio según Lucas y Els Joglars

Zoquejo.com | 47 Domingo, 24 de Enero de 2016 Tiempo de lectura:

El Teatro Juan Bravo de la Diputación se llenó ayer para recibir a Els Joglars, que hicieron reír con una hipérbole (o no) de la educación que se da a los hijos hoy en día.

[Img #31866]“Porque los hijos de este mundo son más astutos en su trato con los demás que los hijos de la luz”. Evangelio según Lucas dieciséis ocho. Y no se equivocaba mucho el apóstol, porque el eVIPgelio según Lucas veinticuatro uno de 2016, o lo que es lo mismo, la representación de la tiranía de un pequeño Lucas según VIP de Els Joglars, ayer 24 de enero en el Teatro Juan Bravo de 2016, dejó claro que a los hijos de este mundo les estamos criando más astutos que a todos los hijos de todos los iluminados de otros tiempos juntos.


En lo que algunos –pocos- consideraron hipérbole y otros una versión sin azúcar de la educación y el trato que se da a los niños hoy en día incluso antes de nacer, la compañía catalana hizo reír a carcajadas ayer a un Teatro Juan Bravo de la Diputación que se volvió a llenar ayer para recibir a uno de sus grupos teatrales favoritos.

 

A veces mediante la expresión corporal y las onomatopeyas, otras con diálogos igual de astutos que los hijos, en algunos momentos con fuerza y música de timbales, y en otras ocasiones recurriendo a una ligera narración acompañada de micrófono, Els Joglars consiguió contar de muchas maneras y por medio de muchas voces diferenciadas y desordenadas, pero siempre con sentido en su conjunto, una verdad que se siembra en las clases de yoga para barrigas incipientes, nace en los hospitales, crece en la cuna y se desarrolla en las meriendas con vocación de banquete de bodas.

 

La compañía catalana, liderada por su director, Ramón Fontserè convertido en el pequeño Lucas, hizo que cada una de las personas que ocupaban su localidad se reconociese ridícula en algún momento de su vida frente a un bebé o un niño de cuatro años; hablando como un idiota del prometedor futuro de su nieto, haciéndole una gracia sin humor a su sobrino, cuidando la alimentación sin sal, sin azúcar, sin añadidos, sin conservantes, sin colorantes, sin productos químicos de su bebé de cinco años, o cargando la responsabilidad de la educación de su hijo maleducado de ocho años y ya no tan VIP al profesor que no ha querido castigarle porque “el castigo es decimonónico, es retrógrado, es fascista”.

 

“Tienen todo el derecho a expresar su desacuerdo de la manera en que consideren”, enunciaba Raymond, padre de Lucas, en una de sus líneas. Y el Juan Bravo se convertía en una mezcla de risas tímidas delatadoras y otras ‘decibélicas’ ante el trato y el vocabulario de veryimportantperson dirigido a un niño que hasta hace cuatro días nacía en casa sin necesidad de ayuda de cámara epidural, crecía a base de bocadillos de nocilla y con las rodillas negras de arena del parque y moratones hasta en el alma, jugaba al fútbol con un uniforme cuatro tallas más grandes y una sonrisa de equipo si lograba la victoria, y le pitaban fuera de juego en forma de castigo si se le ocurría finalizar su discurso con un atronador eructo.

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