Spasmo Teatro divirtió a los espectadores del Teatro Juan Bravo con una serie de escenas cotidianas, de las que se pueden ver en cualquier centro comercial.
Algo tienen las situaciones absurdas del día a día que nos hacen reír más de lo normal. Es un hecho comprobado en la televisión o las películas del cine; eso que más nos recuerda lo bobos que podemos llegar a ser nosotros mismos, hace que riamos hasta puntos insospechados y que nos veamos tan ridículos que nos cueste no soltar una lágrima de risa autocompasiva.
La voz en off de Josema Yuste, ex Martes y Trece, sonaba ayer por la megafonía del Teatro Juan Bravo de la Diputación de Segovia a eso de las 20:25, anunciando a los espectadores que las Galerías Tonterías abrirían en cinco minutos. En las butacas, los últimos en llegar preparaban su bolsa morada de la compra, entregada por los acomodadores nada más cruzar la puerta de entrada al teatro, o su folleto de mano, según se quiera ver, para meter dentro todas y cada una de las risas que los chicos de Spasmo Teatro tenían preparadas, en oferta y a buen precio, para ellos.
El espectáculo abría sus puertas como sólo puede hacerlo una representación humorística dentro de un centro comercial; con la apertura de las galerías en un día de rebajas. La histeria de las ofertas no había entrado aún por la puerta del gran escenario preparado por Spasmo Teatro, y la señora de primera fila ya había contagiado a todo el Teatro su risa; la ropa volaba por los aires, las clientas se peleaban y el monstruo del consumismo aparecía para apoderarse de las manos de una de ellas. El Teatro se reía y se reía, y los actores de Spasmo Teatro no decían ni mú. Además, si alguien tenía algo que opinar, esos eran los niños que habían acudido al Teatro con sus padres; las ocurrencias de los más pequeños a la conclusión de algunas escenas, unidas a los gestos exagerados de los cuatro intérpretes sobre el escenario, eran más que suficientes para no dejarse la sonrisa olvidada en ninguna tienda, ni un solo momento.
La gran riqueza de escenarios y situaciones cómicas que se pueden llegar a dar dentro de unos grandes almacenes otorgaba a Spasmo Teatro la licencia de colocarse en cualquiera de ellos, y no tener que rebuscar en exceso la tontería del día a día. Quizás por esto también sobraban las palabras; cualquier espectador era capaz de reconocerse intentando no tirar todos los botes perfectamente apilados en un pasillo del supermercado, mirando al infinito mientras camina buscando los cereales que le gustan, o deseando pegar un azote al niño pesado sentado en el carro de al lado. Y entre tanto, por megafonía, un guiño a la empanadilla de Encanna. Mítico.
Los vestuarios en los que huele a pies y sudor, el tipo al que le pueden caer años y años encima mientras intenta encontrar su coche en el parking de tres pisos, las peleas entre los niños a los que sus padres abandonan en el parque infantil, o el peligro que pueden llegar a tener las escaleras mecánicas. El encargado ambicioso, el segurata encantado de haberse conocido dentro de su uniforme, el marido que persigue a la mujer cargando bolsas por todo el centro comercial, la cajera que hace malabares con los chicles o el fontanero primo del buenorro del anuncio de Coca-Cola… todos estaban allí; en los diferentes y magníficos decorados realizados por la compañía.
Y como era de esperar, tampoco faltaron un par de peluqueros amanerados que hicieron pasar algo de vergüenza a un espectador al que le tocó poner su cabellera bajo sus tijeras. En definitiva, la vida misma dentro de un centro comercial pasaba, y a nosotros, que somos españoles y estamos acostumbrados a reírnos de nosotros mismos, nos daban auténticos espasmos.




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