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Para sentirse vivo

Zoquejo.com | 102 Martes, 08 de Diciembre de 2015 Tiempo de lectura:

"El Funeral", el espectáculo de teatro y música que ayer interpretó la compañía zaragozana "Che Y Moche" sobre el escenario del Juan Bravo, hizo al público interactuar a lo largo de casi dos horas.

[Img #31396]Imaginen que acuden al funeral de un abuelo soviético de mirada puntiaguda, piel sonrosada y un violín rozándole el bigote en cada foto que lo recuerda.

 

Imaginen que sus cuatro nietos, Yuri, Zoltan, Tereza y Joakim, aparecen en escena con la lata de hojalata que contiene las cenizas del baboushka Dimitri Poliedrich en la mano; besándola, compungidos, vestidos de riguroso luto y hablando algo que suena a ruso, pero que nunca llegarán a saber si no es un idioma inventado que se parece mucho al original. Entonces imaginen también que sobre el escenario del Teatro Juan Bravo de la Diputación de Segovia hay una batería, una guitarra, un saxofón, un violín y una mandolina. Algo no cuadra, ¿verdad?.

 

Lo que se suponía drama se convierte en una tragicomedia y una fiesta zíngara desde el momento mismo en que a uno de los nietos las cenizas se le escapan de las manos… Y, como si se tratase de un ave fénix, lo que queda del abuelo Dimitri resurge para convertirse en música y en vida.

 

Eso exactamente fue lo que consiguieron ayer los actores de la compañía zaragozana (sólo se supo esto cuando desvelaron el secreto de su origen al final del espectáculo) "Che y Moche"; lograr contagiar de vida a todo un Teatro muy dispuesto a removerse por dentro y moverse por fuera. Inestimable para ello fue la ayuda inesperada de alguna que otra espectadora más risueña de lo normal, que terminó suponiendo un complemento genial para la improvisación de los cuatro actores.

 

Mientras la señora se empapaba en lágrimas de risa o un niño pedía a su padre abandonar el patio de butacas para ir al baño, Joakim, trompetista y nieto mayor, variaba su discurso en ruso, que de inmediato era traducido al castellano con igual lucidez por Yuri; el único de los cuatro capaz de hacerse entender en español. Porque para comprender al resto, y por lo tanto, para valorar su gran capacidad de interpretación, bastaba observar cada uno de sus gestos al hablar "en ruso".

 

El espectáculo alternó escenas cómicas, que incluso llegaron a poner en apuros a un par de espectadores, con un magnífico concierto de música zíngara en el que los dedos de Tereza (Tereza Polyvka) volaron sobre las cuerdas del violín, obligando al público a emocionarse, a saltar tímidamente sobre la butaca y a acompañar con palmas, mejor o peor llevadas, cada una de las melodías. El público interactuó sin ningún tipo de complejos ni vergüenzas, mención especial para Ani, quinto actor sin alevosía ni premeditación, y "El Funeral" se transformó en una verdadera fiesta.

 

Aunque el teatro no llegó a llenarse, sí registró un aforo completo del patio de butacas.

 

Así que si hubo alguna pena durante este peculiar funeral, fueron esas butacas vacías en los palcos y que los segovianos no se atreviesen del todo a homenajear a un muerto soviético. A veces sólo hace falta eso para sentirse vivo.

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