Este 9 de septiembre, la localidad segoviana de Lastras de Cuéllar cumple un año sin agua potable en el grifo, al superar los niveles de arsénico permitidos por la Unión Europea. Cada semana, el Ayuntamiento reparte seis botellas de agua de litro y medio a cada empadronado, al precio subvencionado de 30 céntimos de euro.
"Es una pena", se queja una mujer mayor, que acude a la Plaza del Ayuntamiento a por sus botellas de agua. "Estamos envenenados", lamenta otro vecino. Desde las 9:45 de la mañana, cuando comienza el reparto, los habitantes del pueblo van goteando y haciendo cola con carros de la compra y hasta con carretillas.
Pero las seis botellas por semana y habitante no son suficientes, y los vecinos, muchos de ellos de edad avanzada, se ven obligados a recorrer varios kilómetros hasta el río Cega para abastecerse. En un área recreativa llamada Las Fuentes, recogen el agua en garrafas o bidones del sobrante de la cercana localidad de Aguilafuente.
Nieves Ballesteros, teniente de alcalde, explica que a los vecinos de Lastras no les que da otro remedio que ir a Las Fuentes a por agua para cocinar, fregar, regar las huertas, o cuando el agua embotellada para beber se acaba.
Lastras de Cuéllar es un pueblo que dista 50 kilómetros de Segovia, de unas 400 almas, cuya población se duplica los fines de semana y los meses de verano. Su alcalde, Andrés García, de Juntos por Lastras, explica el origen del problema, común en toda la zona, y enumera las posibles alternativas. Para cualquiera de las cuales, se tienen que pronunciar la Confederación Hidrográfica del Duero (CHD) y otras administraciones como la Junta de Castilla y León o la Diputación Provincial.







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