Grecia cierra los bancos e impone control de capitales en una medida decidida este domingo por el primer ministro Alexis Tsipras para contener las crecientes tensiones sobre su golpeado sistema financiero, con la posible salida de Grecia del euro planeando en el horizonte.
Después de que las negociaciones del rescate entre el gobierno de Syriza y los prestamistas extranjeros fracasaran el fin de semana, el Banco Central Europeo congeló el respaldo financiero a los bancos griegos, dejando a Atenas sin otra opción que cerrar el sistema para evitar un colapso bancario.
Se prevé que los bancos estén cerrados toda la próxima semana y habrá un límite diario de 60 euros para la retirada de efectivo de los cajeros automáticos, que reabrirán el martes. Los controles de capitales probablemente duren muchos meses, como mínimo.
"Cuanto mayor sea la calma con la que lidiamos con las dificultades, más pronto podremos superarlas y más leves serán sus consecuencias", dijo el primer ministro Alexis Tsipras en un mensaje televisado. Prometió que los depósitos bancarios estarán seguros y que se pagarán los salarios.
Incluso mientras Tsipras hablaba, las colas que se formaban en las estaciones de servicio y frente a la reducida cantidad de cajeros automáticos que todavía tenían efectivo ponían de relieve la escala de la tragedia que enfrentan los griegos, que han soportado más de seis años de declive económico.
El fracaso de las negociaciones con los acreedores deja a Grecia a las puertas de un default de un pago de 1.600 millones de euros que tiene que hacer al Fondo Monetario Internacional el martes. Atenas debe pagar otros miles de millones de euros al Banco Central Europeo en los próximos meses.
En la senda hacia la salida del euro
El inminente default al FMI deja a Grecia en la senda hacia la salida del euro, con consecuencias inimaginables para el gran proyecto europeo de unir a sus naciones a través de la moneda común. También implica amplias consecuencias para el sistema financiero global.
Después de meses de discusiones, los socios europeos de Grecia han culpado directamente a Tsipras por la crisis. El primer ministro de 40 años los sorprendió en las primeras horas del sábado, al rechazar las demandas de los prestamistas y convocar un referendum sobre el rescate.
Los acreedores desean que Grecia recorte las pensiones y eleve impuestos en niveles que según Tsipras agudizarían una de las peores crisis económicas en tiempos modernos en un país donde un cuarto de la fuerza laboral está desempleada.
Tras anunciar el referendum, Tsipras pidió una extensión del rescate existente de Grecia hasta después de la votación del 5 de julio. Los funcionarios de la zona euro se negaron, y en su mensaje televisado, Tsipras denunció el rechazo como un "acto sin precedentes".
Pese al endurecimiento de las posiciones, responsables de toda Europa y de Estados Unidos hacían rondas frenéticas de llamados y organizaron encuentros para tratar de salvar la situación.
El presidente estadounidense Barack Obama llamó a la canciller alemana Angela Merkel, mientras que funcionarios estadounidenses instaron a Europa y al FMI a presentar un plan para sostener a la moneda única y mantener a Grecia en la zona euro. Los gobiernos de Alemania, Francia y España anunciaron encuentros políticos de emergencia.







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