'Zoquejo.com' recupera la entrevista que realizó en julio de 2009 a José María García Moro, con motivo de su participación en OxigenArte.
José María García Moro, escultor madrileño de nacimiento, ciudadano del mundo y segoviano de adopción, asegura estar "bastante oxigenado". Y lo está porque vive en un pueblo, Lastras del Pozo, donde respira aire puro; porque a sus 76 años, él, pionero en tantas cosas, no ha quedado obsoleto; y porque con su vida y con su obra demuestra una lucidez que para sí quisieran muchos de los que empiezan. Y todo ello, sin dejar de pasárselo bien. "Al final, ha sido divertido", concluye orgulloso.
En esta era del acceso en la vivimos, donde todo se compra y se vende, no hay nada más moderno que manifestarse anticomercial. Y él lo hace: regala pedazos de sus obras a quien lo desee o lo merezca. Insiste en que el arte debe estar en la calle y que la gente debe interactuar con él. Para Moro, la esencia de la escultura no está en lo que se ve, sino en lo inmaterial. Con sus intervenciones urbanas no sólo ha transformado los espacios, dotándolos de color y sentido lúdico, sino que también ha transformado mentalidades. Como cuando contribuyó a impedir que el tráfico rodara por debajo del Acueducto. En esta ocasión, en el seno de OxigenArte, -una iniciativa que pretende convertir Segovia en un gran museo de arte contemporáneo, impactando con obras efímeras sobre monumentos milenarios- reedita la irrupción que hizo en las escaleras de El Carmen. Con ella, desea despedirse artísticamente de Segovia, una ciudad que adora y a la que no tiene nada que demostrar.
ZOQUEJO: ¿Qué nos vas a ofrecer en esta edición de OxigenArte?
MORO: Yo estoy bastante oxigenado ya después de tantos años. Voy a hacer irrupciones. Que es introducir el color en el espacio urbano. Porque a mí no me gusta esto que es gris, cons-tan-te-men-te gris. Me gustan los colores, me gusta el volumen en el urbanismo, me gusta que la gente participe, y que se divierta, que se lo pase bien, que ya está bien de pasarlo mal, que para pasarlo mal ya estamos los artistas. (risas)
Z.: ¿Y qué quieres transmitir?
M.: Quiero mostrar que hice en 1966 en el mismo lugar, las escaleras de El Carmen, saqué mi estudio a la calle y lo puse a disposición del público. Pero no ocurrió nada. Y entonces, me marché a vivir por el mundo. Ahora, quiero hacer una cosa casi de despedida. Dicen: despedida nunca. Pues no, porque vivo en los demás. Fui uno, me atrevo a decir, de los que impidieron el paso de los coches por debajo del Acueducto. Hice una transformación, lo llamé Barreras artísticas. Puse un piso amarillo que contrastaba el pasado con el presente. Hace poco me encontré con un señor que me dijo que por mi culpa le pilló un coche ese día (risas). Así que transformé con el color y las formas un espacio urbano pero también protegí el monumento. Que nunca toqué.
Z.: ¿Qué es lo que más te gusta de tu obra?
M.: Me gusta que el piso no sea gris. Que las formas escultóricas estén entre nosotros, como están las personas, las frutas, los animales... he metido vacas vivas, en el 77, en las escaleras de Las Sirenas. Ir desde lo monocolor a lo multicolor, desde lo plano a lo corpóreo, desde ninguna actividad hasta la máxima actividad. Hay gente que se lleva mis cosas, otros en el recuerdo... A veces las regalo alegremente. Hay quien las rompe, las pincha...De todo ello hay documentación, fotos, vídeos... Ahora estoy escribiendo un libro.
Z.: Tú has afirmado que nunca has sido comercial. ¿Puedes explicarlo?
M.: Desde hace muchos años mi arte no ha tenido sentido comercial. Ha tenido el sentido de que las ideas las contara yo y la gente las interpretara a su manera. Y las ideas no se compran ni se venden. Se vendían los objetos clásicos, de material noble y se encarecían. Pero yo no he tenido esa suerte de dedicarme a esas cosas. Lo hice al principio cuando era niño. Cuando fui joven e hice cosas de madera, de piedra, de bronce... No se compra lo moderno, y lo mío menos todavía. Lo que somos es lo inmaterial, lo que no se toca, lo que no se palpa. La idea que tenemos de lo que vivimos Y los demás lo reciben y hacen su propia versión.
Z.: Y entonces... ¿De qué se alimenta un artista como tú?
M.: Yo siempre he tenido un oficio, y he vivido de eso. Me he alimentado de hacer la escultura de Agapito Marazuela o los capiteles del Corpus.
Z.: ¿Qué te parecen las nuevas tecnologías aplicadas al arte?
M.: Recuerdo que en Nueva York se hablaba de arte por ordenador. Ahí estará en las hemerotecas. Era el tiempo e las ideas, del Pop y del Op. Tiempos que están recientemente viniendo aquí y ahora, como si fueran nuevos, novísimos. 1966 ya hace años ¿Verdad?
Z.: ¿Cómo te defines como escultor?
M.: Yo soy muy barroco, y me pierdo, me voy. Cuando viví en el extranjero, después de empezar a dejarme la barba, las negritas me llamaban hippy. Pero yo no me defino de ninguna manera. Me define el radiólogo cuando me ve. Me dice: tira el cadáver, que no te sirve para nada. Así me defino yo: Como un cadáver que sirvo un poco, alomejor, ojalá, a los demás. Y como amo a Segovia, quiero hacer esta cosa en Segovia. Y si hice algo con el urbanismo en 1966, quiero hacer esto en 2009, para el 2016.




Peter Saunders | Miércoles, 08 de Febrero de 2012 a las 14:53:41 horas
Hemos muchas memorias felices de Senor Moro cuando nos encontramos por casualidad en Segovia hace veinte anos. Era una sorpresa porque habia nuestro profesor de escultura cuande fuimos estudiantes en TASC Leeds Inglaterra en 1969. El nos invito a comer and nos enseno su casa y hablo de su obra y mostro sus escultores. Era muy simpatico y un gran hombre and era un placer y honor de conocerlo. Sentimos mucho su perdida. Abrazos a su familia ya amigos, nunca le olvidaremos era una inspiracion !
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