"Con la celebración de las elecciones municipales y autonómicas hemos pasado claramente de un ciclo político a otro. Espero que en esta nueva etapa que se abre podamos conseguir que muchos de nuestros políticos que están relacionados con el medio rural y la agroalimentación, ahora más sosegados, comiencen a hablar en serio de la reforma de la política agraria común (PAC).
En los últimos meses, a nuestros partidos políticos y sus representantes no hemos podido oírles más que declaraciones genéricas respecto del campo y de la próxima reforma de la política agraria común. Sus únicas y “geniales” propuestas para reformar la PAC se han reducido a frases del tipo de: “que no se reduzca el presupuesto de la PAC“ o “que no se reduzca el presupuesto para esta región o para este sector, etc.,)”, pero nada más.
Como estábamos en precampaña electoral a los políticos de los ámbitos municipales, autonómicos y estatales, ese planteamiento genérico, poco comprometido y simplista, les venía bien, sólo les ha faltado decir -simbólicamente me refiero- la frase de Groucho Marx “y dos huevos duros” (frase que se pronunciaba repetidamente en la genial película “el Camarote de los hermanos Marx)”.
Es cierto que ha habido algunas excepciones a lo que describo, en algunas comunidades donde se ha elaborado con un cierto consenso algún documento y se ha avanzado un poco más, pero son eso, excepciones.
La hora de la verdad
Las propuestas legislativas de la reforma de la PAC estarán listas en el Parlamento Europeo antes de que finalice el año y ahora ha llegado el momento de que nuestros políticos se “arremanguen” y trabajen en serio por una PAC que sea la mejor posible para nuestro país.
¿Cuál es la mejor PAC? ¿La que más interese a los ciudadanos-contribuyentes o a los ciudadanos-consumidores?, ¿a los agricultores y ganaderos o a los habitantes del medio rural?, ¿Sería mejor una PAC verde que fomente las políticas que mejor mantengan el medio ambiente?, ¿O una PAC que apueste por políticas de creación de empleo en las zonas rurales? Esta última, con el problema que tiene el país en este sentido, tampoco sería una barbaridad.
El falso debate sectorial y territorial
En líneas generales parece lógico que todos intentemos que no se reduzca el presupuesto comunitario, ya que con menos dinero se hacen menos cosas, pero aparte de eso se ha extendido un falso patriotismo en el que algunos parecen haberse abrazado a la bandera de su país o de su región y solo mantienen una idea, un discurso, una estrategia: que no se reduzca el presupuesto de su región, de su país o de su sector. Es decir que España o Andalucía o Castilla-León, etc., mantengan el presupuesto.
Algo parecido ocurre con el discurso basado en la importancia de lo agrario orientado a lo sectorial porque hay quien piensa, que si se apoya más económicamente a la viña; a los agricultores de la Mancha o de la Rioja les irá mejor, o que si se apoya económicamente al olivar a los agricultores de Jaén o a Andalucía les irá mejor, o si es a los cítricos será Valencia la principal beneficiaria. Pero no es ni exacta ni necesariamente así, lo que ocurrirá es que le irá mejor a aquellas personas físicas o jurídicas que más hectáreas de vino, olivar, naranjas o industrias relacionadas tengan, independientemente de otras consideraciones.
Por lo tanto, que no nos engañen con patrioterismos porque el dinero que venga a España de la PAC, ni se va a guardar debajo del mástil de la bandera española en la plaza de Colón, ni se va a enterrar tras el monolito de Blas Infante, ni va a servir para homenajear a los Comuneros de Castilla, va a ir a cuentas corrientes de personas físicas y jurídicas, en algunos casos con cifras de muchos ceros para algunos propietarios, normalmente personas jurídicas, y en otros casos, cantidades ridículas para otros muchos que van a trabajar de sol a sol, por cuatro perras. Solo hace falta echarle un vistazo a las cifras oficiales de los repartos para saber que esto que digo es literalmente cierto.
En la Unión de Uniones pensamos que hay que dar un paso adelante en este debate, en el que pase a segundo término lo territorial y lo sectorial y acabemos orientando las políticas hacia las personas que trabajan realmente en el sector y hacia la equiparación de su calidad de vida con la del resto de los ciudadanos.
No son las uvas, ni el aceite, ni las naranjas, lo que nos da de comer a los productores, sino los euros que conseguimos por estos productos en los mercados, después de descontar los gastos. Parece una verdad de Perogrullo, pero se olvida con demasiada frecuencia. Como se olvida a veces -en la carrera de producir cada vez más- que el precio no lo ponemos nosotros los agricultores y ganaderos y que no siempre depende, como nos han hecho creer, de la oferta y de la demanda y/o de la calidad del producto. Hay muchos ejemplos de eso, como de que la rentabilidad no está siempre ligada a la capacidad de abaratar costes.
Verdades a medias
Por eso sería bueno que analizáramos lo que ha ocurrido con la aplicación de la PAC en los últimos años, para no dejarnos embaucar con cantos de sirena, sobre las supuestas bondades de la situación actual, que hace que algunos pidan que nada cambie; así si nos fijamos en la evolución de algunos sectores y en los resultados obtenidos para las rentas de los que los cultivan, encontramos resultados muy elocuentes.
Por ejemplo, siempre se nos ha dicho que los agricultores no ganamos suficiente y que nuestros productos no valen porque producimos demasiado, en contra de las leyes fijas del mercado, o sea que nos excedemos en la oferta, otras veces se dice que no invertimos en la mejora de nuestras explotaciones, y también se nos reitera desde fuera del sector y de forma a veces hasta cansina, en la mejora la calidad de nuestros productos, ya que no parece ser suficientemente importante.
Pues no es así. Podemos citar tres claros ejemplos de lo contrario, en tres sectores concretos, uno de los grandes sectores con una oferta excedentaria como el vino, otro equilibrado entre oferta y demanda como puede ser el de aceite de oliva, y otro claramente de oferta deficitaria en el país como es el lácteo.
En los tres se han invertido cantidades ingentes para su modernización y en medidas de mejora de la calidad, se ha aumentado el tamaño medio de las explotaciones, en los tres se ha perdido empleo en los últimos años, ha bajado la renta de los productores y además tienen otro denominador común, los tres sectores han estado apoyados por la actual PAC con cuantiosas subvenciones para reestructuración, abandono de la producción, ayudas a la comercialización o pago único, luego aquí falla algo.
Algo importante falla en esta PAC
Lo que está ocurriendo con las supuestas ayudas destinadas a los agricultores, es que en no pocos casos, están suponiendo una excusa para que la industria y la distribución bajen un poco más cada vez los precios al productor. Mientras tanto esas empresas aumentan paulatinamente sus márgenes comerciales, es decir que hay una clara transferencia de rentas de los productores hacia la industria y sobre todo a la distribución. Pues algo importante no debe funcionar en esta PAC, cuando los ciudadanos europeos ponen dinero de sus impuestos para ayudar a los agricultores y se lo acaban embolsando otros, en empresas con cuentas de resultados millonarios, que a la vez le encarecen la cesta de la compra a los consumidores. Por tanto lo que hay es una clara transferencia de los pobres a los ricos.
Por eso, a día de hoy, no sería una barbaridad decir que, si finalmente la PAC va a servir para que las ayudas al agricultor acaben en la cuenta de resultados de Carrefour, Mercadona o Lidl, la Comisión Europea está haciendo “un pan como unas tortas” y nosotros, los que representamos a agricultores y ganaderos, si dejamos que todo siga igual, también.
La caña de pescar o la sardina
¡Ojo! Estoy seguro de la necesidad y de la conveniencia de que exista la PAC, pero de eso a sostener, como insinúan algunos, que lo mejor que puede ocurrir con esta reforma es que no cambie nada, hay un trecho.
Primero porque no es posible, y ya se han decidido a emprender los cambios por las instituciones comunitarias y, segundo, porque se olvida que en el último decenio y con esta reforma hemos perdido un 20% de los activos agrarios y más de un 20 % de la renta real por ocupado agrario en España, por eso nosotros no nos vamos a sumar a los que defienden que nada cambie. Eso ya lo harán los verdaderos beneficiarios de la actual PAC y sus acólitos ayudados, como suele ser habitual, por algunos otros ingenuos que, como se dice en el campo “no saben para quien vendimian”.
Estoy convencido de que los verdaderos profesionales de la agricultura y la ganadería no queremos limosnas, sí queremos ayudas, pero de adaptación o compensación y utilizarlas para que nos permitan entrar como sector en los mercados, a través de nuestras empresas que normalmente son pequeñas y medianas empresas o cooperativas.
Queremos que nuestro esfuerzo y nuestro trabajo sea rentable, obteniendo esa rentabilidad a través del mercado, que es como la sociedad habitualmente paga a los sectores productivos. No queremos un trabajo eternamente subsidiado; queremos la caña de pescar y aprender el oficio de “pescador” pero no que nos den un pescado cada día.
Esto que demandamos no se va a conseguir si los que acaban recibiendo, la mayor parte de las ayudas de una u otra manera, son los propietarios de tierras improductivas, los no activos, los jubilados o las grandes empresas que ya están bien instaladas y en clara posición de dominio en los mercados, algo que es en buena parte lo que ha estado ocurriendo hasta ahora. Por eso estamos como estamos.
Otra cosa es que se nos encarguen con esta nueva PAC, otras tareas no remuneradas por los mercados, de tipo medioambiental, cultural o paisajístico que la sociedad demande y esté dispuesta a pagar. En ese caso nunca nos hemos negado a considerarlo, sólo rechazamos trabajar gratis, es decir que nos obliguen a realizar nuevas tareas sin que ni el mercado ni la sociedad las paguen.
La futura PAC no puede ni debe servir para engordar aún más las cuentas corrientes de las grandes Industrias y empresas de la distribución, ni tampoco una mala copia, para los agricultores europeos y españoles, del PER andaluz y extremeño.
En la Unión de Uniones apostamos porque esta nueva PAC, que ahora se reforma, oriente sus políticas agrarias y rurales hacia las personas, estén donde estén, y no hacia las vacas, las viñas, los olivares o los territorios. Si así fuera, estoy seguro de que a los agricultores y ganaderos nos iría mucho mejor".
Por José Manuel de las Heras: Agricultor y Coordinador estatal de la Unión de Uniones de Agricultores y Ganaderos





Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.85