“No quiero terminar este Festival número 25 sin agradecer a El Norte de Castilla las páginas dedicadas al Festival, sus especiales y la iniciativa del Premio, aunque no estoy en absoluto de acuerdo con éste y quiero manifestar por qué: sé que es un intento de involucrar aún más al público, pero contradice el espíritu con el que Titirimundi ha sido creado y toda la ciudad ha contribuido a desarrollar. Agradezco el empeño, que revela una voluntad de colaboración muy apreciable, y sobre todo la buena fe, que en un Festival como éste es más que valorable. Titirimundi tiene unas características que le hacen peculiar, y una de ellas es privilegiar el encuentro entre los artistas: fomentar cualquier tipo de competitividad y rivalidad, aunque sea involuntariamente, no forma parte de los principios del Festival. Mi intervención rotunda contra el Premio de El Norte de Castilla y su votación a través de Internet sin que aún finalizara el Festival (uno de los espectáculos aún no se había ni siquiera producido) obedece a una voluntad de cortar de raíz cualquier amago de convertir Titirimundi en un Festival competitivo que incidiría negativamente en su ambiente.
Mi intervención en el Teatro Juan Bravo el último día del Festival (en una función que según el programa debería comenzar a las 21h. mientras que el Juan Bravo vendió las entradas para las 20.30h., con la confusión lógica creada) responde al cansancio arrastrado durante años respecto a las relaciones con este teatro. Titirimundi desea que en la próxima legislatura se restablezca la relación constructiva, armoniosa y colaboradora entre el Teatro Juan Bravo y Titirimundi, una relación degradada con graves perjuicios para el Festival y para los espectadores desde hace 6 años. Uno de los ejemplos más claros ha sido el comienzo de la venta de entradas sin haberlo coordinado con el Festival, la negativa a vender todas las entradas del Festival en las taquillas del Teatro Juan Bravo, como se venía haciendo desde 1990, el cambio de horarios sin coordinar con el Festival, y las difíciles relaciones con los participantes de Titirimundi. En este caso, es, además, patente la falta de buena voluntad y de buena fe para resolver los incidentes que, por su naturaleza, siempre ocurren en todos los Festivales.
La actitud hostil por parte del Juan Bravo resulta incomprensible puesto que perjudica al propio Teatro, escenario de éxitos memorables y garantía de lleno absoluto en Titirimundi, además del coste inferior que le supone con respecto a su programación ordinaria y los beneficios económicos que le genera. Una contradicción que deja palpable la clara animadversión que existe y que se evidencia a través de multitud de trabas y dificultades que no hacen sino arrojar piedras contra el propio tejado, un tejado, además, que todos compartimos. Que el Teatro Juan Bravo y Titirimundi mantengan una buena relación sería beneficioso para ambas instituciones y para toda la ciudad que disfruta del Festival.”




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