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UN PROFESIONAL: Cuyo ejemplo, sin caer en la estupidez de llamarlo héroe como es costumbre ahora, vale para todas y cada una de las ocupaciones. Hablamos del piloto de Air Canada que solventó recientemente una crisis en uno de sus vuelos, con la inestimable ayuda de otro profesional de la rama militar del mismo gremio. Y es que ambos se limitaron a hacer su trabajo como todos deberíamos hacerlo siempre, sin perder los nervios y tratando como adultos a las personas que en ese momento dependían de ellos.
Manuel Vicent lo contó muy bien: Los pasajeros del Boeing oyeron una explosión y al comprobar que el avión no tomaba altura comenzaron a alarmarse. Pero el comandante de la nave, lejos de mentir como un político, les explicó con todo detalle cuál era el problema y la forma de solucionarlo porque lo había practicado más de cien veces en el simulador. Ante su explicación sencilla y racional los pasajeros se calmaron. Mientras en el Parlamento los políticos se peleaban como gallos de corral, en el aeropuerto los equipos de salvamento funcionaban a la perfección. Un caza F-18 había salido de la base de Torrejón para inspeccionar de cerca los daños. Los bomberos, las ambulancias, los hospitales, los controladores y la tripulación estaban preparados. Después de dar vueltas varias horas para quemar combustible el avión aterrizó sin más, lo que demuestra que existen en verdad dos Españas: la de los profesionales que saben lo que hacen y cumplen con su deber y la de ciertos políticos que gritan, insultan, imparten el viejo odio cainita y en el fondo no saben nada de nada. Si la crispación política se hubiera instalado en Barajas, el avión se habría estrellado.
UNA TRISTEZA: La que sentimos al ver que la actividad laboral más antigua y auténtica, la de producir los bienes más primarios, no solo depende de elementos físicos aleatorios y casi ingobernables, sino también de otros elementos humanos con capacidad para ponerla precio, a sabiendas de que cuanto más bajo sea aquel, mayor será su beneficio propio… y sin arriesgar ellos prácticamente nada. En momentos como el de ahora es fácil caer en la demagogia, pero por desgracia la solución del problema no es tan sencilla como la exponen gobernantes, tertulianos y taxistas.
UN LINCHAMIENTO: El que determinados medios e indeterminadas brujas han llevado a cabo contra Josep Borrell, uno de los hombres más sensatos y dignos que quedan todavía en el devaluado panorama político español. No hubiéramos escrito esto si sus críticos no hubiesen llegado al extremo de obligarle a retractarse y pedir disculpas públicas. ¿Y qué fue lo que dijo Borrell? Pues que "Está bien salir a manifestarse hasta que te piden contribuir a pagarlo. Me gustaría saber si los jóvenes que salen a manifestarse en Berlín son conscientes de lo que valen esas medidas medioambientales y si están dispuestos a rebajar su nivel de vida para subsidiar a los mineros polacos” [que irán al paro tras el cierre de sus minas]¡Qué horror, qué atrevimiento!...Y eso que seguramente no habrá que llegar a cancelar sus amados erasmus, pero sí a lo mejor a eliminar esos vuelos lowcost en los que los jóvenes son expertos buscadores, o acostumbrarse a estar en casa con un jersey gordo en invierno y un botijo en verano o a algo todavía más cercano como consumir menos plásticos en sus botellones y dejar el entorno como estaba antes de su llegada cargaditos desde el chino de la esquina.
No sería malo recordar que fue el mismo denostado Borrell el que en esa misma charla advirtió prudentemente de que “esta agenda de políticas debe llevar a reflexionar sobre el nivel de déficit que se deje a las generaciones futuras”. Pero por lo visto, eso no lo escuchó nadie.
UNOS PALABROS: Que acaban de incorporar a nuestro vocabulario cotidiano esas mentes y mentas que nos colonizan las ídem: SUBALTERNIZAR, cuyo significado suponemos, pero que no hemos podido encontrar oficialmente pues al parecer es una palabra portuguesa (¿¡!?) y OTROSIDAD, que según un tal Eduardo Carrasco (músico, poeta y seguidor de Nietzsche) es “la condición existencial del ser humano que necesita la relación con lo otro para poder ser él mismo”. Pues hala, a usarlas. Que Segovia deje de ser la patria del bueno majo y se convierta en la de la otrosidadsubalternizada. ¡Y que no tengamos que repetirlo!






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