Con sus ojazos de huevo
se miraban dos besugos
mientras nadaban a plomo
diciéndose cabezudos:
—¿Has visto que van delante
los salmones boquirrubios?
—¿Y a mí qué, si no se enteran
de que vamos detrás suyo
y podemos distraernos
con otros peces más chulos?
—Yo no intento molestarte
sino hacerte ver el rumbo
que ellos llevan cara al río
por el que van tumbo a tumbo.
—Déjalos, que volverán
a este mar ancho y profundo
en el que estamos a salvo
de peligros iracundos.
Y así se quedaron solos
parloteando los besugos.
Esto sucede también
a los hombres cojonudos
que en vez de unirse a una hembra
pasan hambre por un tubo.
(Puede y debe quitarse, cortarse, el rabo de la moraleja si el texto se publica para solo los niños)
http://alhilodelavida.blogspot.com/
918470225





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