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OpiniónEl santo arte y el santo hartazgo

ARTÍCULO DE OPINIÓN DE ANA VÁZQUEZ, PERIODISTA

El santo arte y el santo hartazgo

SegoviaDirecto.com | 884 Lunes, 21 de Enero de 2019 Tiempo de lectura:

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Soy católica. Sí, es verdad, no de las que va a misa todos los domingos, pero de las que nunca se va a dormir sin haber rezado en algún momento del día; a veces rogando y otras agradeciendo, tal y como me enseñó mi abuela de pequeña. Rezo, y muchas veces repito por dentro la frase que Sor Cruz me enseñó cuando iba a hacer la Comunión: “Señor, que yo me crea que tú me amas”. Y disculpen mi osadía, pero realmente creo que lo hace.

 

Del mismo modo que mi abuela me enseñó entonces a rezar y me educó, junto a mis padres, en la fe católica, ella me contó una y otra vez a lo largo de mi infancia la leyenda de cómo el diablo mandó construir en una noche el Acueducto; una historia simpática de la que, como segoviana, he presumido y he contado cada vez que he enseñado a un amigo foráneo mi ciudad. Como en Teruel presumen de amantes o como en Escocia lo hacen de monstruo llamado Ness. La lección de no vender nunca mi alma creo que la comprendí desde el primer momento. Y sigo sin venderla.

 

Por eso no compro la idea de que ubicar la figura de un diablo cerca del monumento que éste mandó construir y que terminaron poniendo, piedra a piedra y según dictamina la Historia, los romanos, pueda perturbar mi fe o mis creencias. Estoy harta de que cada gesto sea entendido como una ofensa, como una provocación, como una llamada al miedo; esa no es la religión que a mí me enseñaron.

 

Estoy harta de que haya quien, en nombre del Dios que estoy segura de que me ama, se muestre dispuesto a no consentir el arte. Y me refiero a este tipo de arte; no estoy hablando de crucifijos quemados y otras faltas de respeto en nombre de una deteriorada libertad de expresión.

 

Hace poco leí que hay Obispados que censuran en sus iglesias a algunos grupos y canciones de conciertos tan familiares e inofensivos como los de los ciclos corales que se organizan en Navidad y me recordó que hace poco un amigo me habló de cómo había asistido en la Basílica de San Francisco de Mallorca a un fabuloso espectáculo llamado ‘Vol_Art 1’ y dirigido por el músico Miquel Àngel Aguiló , en el que la música y las luces formaban una combinación perfecta para hablar de la vida y la eternidad de las personas. Todo un espectáculo con iluminación y música en una iglesia. El arte y la religión conviviendo en un mismo espacio. Sin ofensas ni vueltas. No es tan difícil.

 

No pretendo, como Ramón Llull, a quien trata de homenajear ese espectáculo del que me habló mi amigo, convencer a nadie por medio de un tratado de que mi manera de ver la religión es la verdadera. Sí, por el contrario, deseo que todos, católicos y ateos, busquemos dentro de nosotros esa rosa de los vientos que el propio Llull creó y que indica dónde está el norte… para no perderlo.

 

Ese norte que no encuentra ofensa en la colocación de un diablo junto al Acueducto pero que, al mismo tiempo, es capaz de reconocer que la escultura de José Antonio Abella, móvil en mano incluido, podía haber sido más discreta, en honor al Patrimonio que la va a rodear. Ese norte que reconoce que lo que pretende colocar el Ayuntamiento en pleno centro histórico es, como también me enseñó mi abuela a decir, “más feo que un demonio”.

 

Ana Vázquez, periodista

 

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