En política, como casi en todo en general, las prisas suelen ser malas consejeras. Y pretender recuperar apresuradamente el tiempo desperdiciado, puede acarrear efectos contraindicados. Es lo que le ha pasado al PP en Castilla y León con la designación de sus candidatos a las Alcaldías de las nueve capitales de provincia. Tras encaramarse a la presidencia nacional del partido, Pablo Casado dejó para después del verano la proclamación de los candidatos del PP a las presidencias de las comunidades autónomas y a las principales alcaldías. Después, adelantadas las elecciones andaluzas, proclamó a Juan Manuel Moreno Bonilla y decidió aplazar el resto de las designaciones hasta conocer los resultados del pasado 2 de diciembre.
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| Javer Lacalle y Alfonso Fernández Mañueco |
Hasta ahí la cosa todavía podía disculparse, pero para brengarla del todo en Génova decidieron forzar a toda prisa el proceso interno para designar a los “alcaldables” de las nueve capitales, con el fin de poder proclamarlos a la vez que a Fernández Mañueco. Y a cuatro días del acto programado al efecto en Palencia, ninguno de los comités electorales provinciales se había reunido para aprobar sus correspondientes propuestas, que a su vez deberían pasar por el comité autonómico antes de ser finalmente sometidas al comité electoral nacional, supuestamente el órgano competente para proclamar las candidaturas definitivas.
Lacalle y Silván, obligados a repetir.- Pues bien, sin que se tenga noticia de que se reuniera ni el comité autonómico ni el comité nacional, Génova fue dando luz verde a las propuestas elevadas por los comités electorales provinciales, a excepción de la aprobada en Segovia.
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| Pilar del Olmo y Juan Vicente Herrera |
En las demás provincias Génova dio por buenas las candidaturas, bien porque no tenía otros compromisos o porque eran de su agrado, caso de la “alcaldable” por Valladolid, la consejera de Economía, Pilar del Olmo, directamente avalada por el todavía presidente de la Junta, quien siempre ha mantenido una especial sintonía con Casado, al que apoyó desde el minuto uno en su carrera hacia la presidencia nacional del partido.
Sin embargo, en Segovia y Ávila, las respectivas direcciones provinciales del PP no midieron bien sus fuerzas. La presidenta del PP segoviano, Paloma Sanz Jerónimo, se cerró en banda con su candidato preferido, el coordinador provincial del partido, José Mazarías, desoyendo la sugerencia de Génova de proponer al ex concejal y ex presidente de Nuevas Generaciones, Pablo Pérez Coronado, con quien estaba en deuda el “casadismo” por haber tenido en él su principal apoyo en Segovia con ocasión de las primarias disputadas a Dolores de Cospedal y Soraya Sáez de Santamaría.
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| Paloma Sanz y Francisco Vázquez |
“Dedazo” de Casado y por partida doble.- Pero entre bambalinas alguien informó a Casado de que a Maroto le habían metido un gol por toda la escuadra, toda vez que Sanz Merino, portavoz del popular en la Diputación, no es más que otro destacado miembro del núcleo duro compartido por Paloma Sanz y su antecesor, el secretario autonómico del PP, Francisco Vázquez, a la sazón presidente de la institución provincial. Y ello colmó la paciencia de Casado, quien en la misma mañana del sábado utilizó el “dedazo” presidencial para dejar colgado de la brocha a Sanz Merino y sustituirlo por Pérez Coronado, de suerte que éste tuvo que coger el coche y desplazarse a toda velocidad desde Segovia a Palencia para poder ser proclamado candidato.
Tras semejante vodevil y el tremendo escarnio sufrido, la presidenta del PP de Segovia tendría que haber dimitido fulminantemente. Pero no lo ha hecho ni lo hará, ya que con ello se estaría despidiéndose del escaño que disfruta en el Senado, si no ahora, cuando se convoquen las siguientes elecciones generales. Y antes de renunciar a ese momio, pasa por tragar con un desaire que por extensión y elevación alcanza asimismo a Vázquez y al propio Mañueco.
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| Carlos García y Pablo Casado |
Pero, ante las reticencias encontradas en Génova, el presidente del PP abulense optó por dejar pasar la semana sin convocar el comité electoral provincial, inhibición ante la cual Pablo Casado decidió tirar del “dedazo” y proclamar por sorpresa candidata a la alcaldía a la concejala Sonsoles Sánchez-Reyes, quien hasta ese momento permanecía totalmente ajena a esos tejemanejes internos del partido.
Si Casado quería escarmentar a quienes osen desafiar su autoridad, sin duda lo ha conseguido. Pero ello ha sido a costa de enterrar cualquier asomo de democracia interna en el partido, de desautorizar a unos presidentes provinciales elegidos directamente por la militancia (no como él, que lo fué por los compromisarios) y de lastrar a unos candidatos, los de Ávila y Segovia, que lo son exclusivamente gracias a su “dedazo”. De paso, ha dejado en incómoda situación a Fernández Mañueco, cuya proclamación como candidato a la presidencia de la Junta, se ha visto deslucida por el esperpéntico espectáculo ofrecido por el partido en Palencia. Con todo ello el PP de Castilla y León no ha podido empezar de peor manera su cuenta atrás hacia las elecciones municipales y autonómicas del 26 de mayo.
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