El periodista de Onda Cero Fernando Ónega dedicó su carta radiofónica de cierra a Segovia, aprovechando que La Brújula se realizó desde la ciudad del Acueducto. Esta dedicatoria sonora se ha hecho viral entre los segovianos, que la han compartido a través de las redes sociales de sus teléfonos móviles durante todo el fin de semana. A continuación la reproducimos por vía audiovisual y escrita.
“Muy buenas noches, David, y buenas noches, Segovia del alma. Te escribo desde este barrio tuyo que es Madrid, desde que estamos conectados por el AVE. Quiero empezar mi carta con un saludo a la mujer segoviana, hoy que se reúnen ahí mujeres de diez países distintos para mostrar al mundo lo que son capaces de hacer vuestras manos, que son siempre prodigios, mujer, por modestos que puedan parecer. Hoy, y mañana, y el domingo habláis ahí de mujeres emprendedoras, pero antaño cantábais coplas que decían: “Con una buena enagua y un buen refajo, hace una segoviana bailar al santo”.
Y a tí, Segovia, provincia de La Granja de San Ildefonso, de las torres moriscas de Cuéllar, del castillo de ensueño de Coca, de la Pedraza amurallada, de Sepúlveda, de Riaza, de Turégano, te presento mis respetos. ¡Cuánta historia y cuánta leyenda en tus pueblos, Segovia! ¡Cuántos monumentos que la reviven!
Y a tí, Segovia ciudad, déjame que recuerde que ahí, en la iglesia de San Miguel, fue proclamada reina Isabel de Castilla. Ahí en el Alcázar residió Alfonso X el Sabio. Y a quien no te conoce, Segovia ciudad, le digo que vive en pecado mortal, porque sólo pecado mortal puede ser no haber pasado por debajo de los arcos del Acueducto para asombrarse de los 25.000 sillares de granito que colocó el romano sin ningún tipo de argamasa y sigue tan campante después de más de veinte siglos.
Y es pecado mortal desconocer la docena de iglesias románicas que albergas, y la decena de monasterios que hay en tu entorno. Y no pasear alguna vez en la vida las alamedas del Eresma y La Fuencisla. Y no asomarse a los ventanales del Alcázar y soñar con hazañas bélicas. Es que no hay un palmo de calle en Segovia que no sea historia y arte, Patrimonio de la Humanidad.
Y en tí, señorial ciudad, caben los templos y los conventos que digo, pero caben doce museos y cinco archivos históricos, y otras tantas bibliotecas, y la muralla, y la última catedral gótica que se levantó en España.
Y caben, Segovia, tus restaurantes y mesones, quizá los más famosos del país, templos de la buena vida, de sus majestades los asados, los judiones de La Granja, el ponche segoviano y los vinos de Nieva y de Valtiendas.
Yo quiero ser de Segovia para no decir que hiela, sino que cae un helazo, para llamar tete al ombligo y nícalos a las orejas y rilete al que va muy tieso y sinífaro a la Guardia Civil. Quiero hacerme de Segovia para seguir los caminos de la Mesta y las huellas de Santa Teresa. Quiero hacerme de Segovia, aunque sólo sea para estar ahí dentro de nada, en dos semanas, en las Fiestas de San Juan y de San Pedro. Y quiero hacerme segoviano ¿Sabes por qué? Simplemente por orgullo. Simplemente por presumir de tierra, de pueblos y de ciudad”.







Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.110