Mientras el trayecto en zona de pinares fue tranquilo, en las calles la manada corrió dividida en dos generando algún que otro momento de tensión.
Los cuellaranos tienen este año motivos para reír, para celebrar, para quejarse y hasta para no saber qué hacer con los toros en sus encierros. Después de la bonita carrera de ayer por las calles del trazado, hoy en la zona de pinares los astados de Lagunajanda prometían una nueva jornada limpia y atractiva, tanto para los espectadores como para los corredores, después de cruzar la zona sin problemas.
Sin embargo, al llegar al embudo, uno de los toros trataba de hacer la guerra por su cuenta y rompía el grupo, obligando a los caballistas a encauzarlo de nuevo hacia el resto de la manada.
Finalmente, y a pesar de lograr juntar de nuevo a las reses, el grupo entraba dividido en el trazado urbano y los toros se iban disgregando por las calles, haciendo su aparición de uno en uno en la plaza. Esta dispersión obligaba a los corredores a estar más vigilantes que nunca y propiciaba una carrera vistosa, pero no tan atractiva como la de la jornada anterior, y en la que se vivía algún que otro momento de tensión con las embestidas de los animales a las talanqueras.
Pese a ello, en el capítulo de heridos no había que lamentar ningún incidente grave y tan sólo una luxación en el hombro de una persona daba trabajo a la Enfermería en un principio. Instantes después, y ya en la plaza, otro joven sufría daños en la pierna y era evacuado al Hospital de Medina. Ya sólo queda un encierro y los cuellaranos prácticamente rezan por poder disfrutar tanto como se lo permitió el tercero.






Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.146