El museo de arte contemporáneo cierra 2016 con una colección de 114 fotografías hechas por 18 fotógrafos diferentes.
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En el diccionario de la RAE, la palabra 'retrato' tiene hasta seis acepciones; pocas, si el término se traslada desde ayer al medio de una de las salas del Museo Esteban Vicente y se pone a girar y mirar a la cara a cada una de las 114 fotografías que componen una exposición extraída de la colección de la Fundación Mapfre. Como apagar la luz, encenderla, y de repente encontrarse con rostros y rostros; los de los dieciocho fotógrafos autores de las imágenes, que te miran. Tratas de enfocar, pero no encuentras un concepto definido que corresponda al término.
Así es también la exposición que hasta el 22 de enero de 2017 se encontrará quien cruce las puertas del museo de arte contemporáneo, que cierra así un año que comenzó con Alberto Reguera y siguió con Ráfols-Casama y Esteban Vicente, y que muestra cómo el retrato pueden ser los juegos de niños inmortalizados por Helen Levitt, la fotografía indiscreta de Joan Colom -sin apuros para retratar desde la galanería de un hombre con tres mujeres hasta el culo sobresaliente de una señorita-, las exageraciones americanas de Garry Winogrand, los posados de Diane Arbus y también sus primerísimos planos robados o las distintas escenas de la vida de Edith, inspiración para Emmet Gowin. Retratos también los que aparecen en los televisores de Friedlander, que por su peculiaridad parecen casi superpuestos con pegamento. Hay retratos en blanco y negro, que potencian rasgos de sus protagonistas, y otros en color como los de Jitka Hanzlova o Ana Malagrida que dan fuerza a la forma de mirar de quien retrata.
Como en todo retrato, además, la palabra 'mirada' se descompone a su vez en mil retratos; el retrato del orgullo, el de la ira, el de la altivez. En la colección de la Fundación Mapfre, que como explicaban ayer su comisario -y conservador jefe de la Fundación-, Carlos Gollonet, y el director de Área de Cultura de Mapfre, Pablo Jiménez, "es un viaje de casi un siglo (1916-2013) y permite dar una idea completa de qué ha pasado con la fotografía a lo largo de estos cien años", están recogidas, especialmente en la primera sala, las miradas del abrazo, las miradas del cotilleo, las miradas del observador solitario e incluso las miradas que se esconden detrás de un antifaz y que se adivinan por la sonrisa de sus protagonistas, por las muecas de sus caras. Tampoco faltan dos de las miradas más especiales de la muestra, según sus responsables y también en opinión de Ana Doldán, directora del museo; la de Paul Strand y la de su 'Ciega', en palabras de Carlos Gollonet, "una fotografía que supuso una ruptura total con lo que se venía haciendo; cambió el sentido de fotografíar y la forma de enfrentarse a la fotografía".
Todas ellas, todos los 'Retratos', mantendrán la luz del Museo Esteban Vicente encendida hasta el próximo enero. Después, tal y como anunciaba Pablo Jiménez Burillo, tendrán que cerrar sus ojos y pasar tres días de oscuridad por cada uno de los que la luz haya retratado su brillo y brillantez a ojos de los segovianos.




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