“¡Qué pena!” ha sido la exclamación más escuchada en la gris mañana de este miércoles de octubre en los alrededores de los jardinillos de San Roque. El Babi Pilarín, los caballitos que han entretenido a los niños segovianos durante décadas, se despiden de Segovia.
Su propietario, Francisco Cabezas, se jubila y dona los caballitos, que parten rumbo a Orihuela, Alicante. En este día tan triste, Francisco no ha querido aparecer ante los medios, está demasiado afectado.
Eso sí, nos ha emplazado para otro día, para contarnos la historia de Segovia de los últimos 70 años vista a través de los ojos de los niños montados en los caballitos de los jardinillos de San Roque, que dejan un vacío en esta ciudad.





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