Comenzó el Hay 2016 con más tranquilidad, menos glamour y bastante más orden que otras veces. A la gente no le ha importado meterse colas de postguerra ni ha hecho ascos a soltarse cinco euracos por sesión.
John Banville era para la organización la figura estrella, no en vano fue príncipe de Asturias de las letras en 2014, la magnífica traducción simultánea del festival le permitió brillar a la misma hora en que Nativel Preciado y Antonio San José llenaban S.J. de los Caballeros con la enésima versión de nuestra transición. Y hay que dejar claro que aquí no se puede ir a todo ni todo interesa a todos, aunque existe, para disgusto de la Cremaschi, cierto consenso en pasar respetuosamente de la parte exótica (ustedes ya entienden) que incluye todos los años el programa. El segoviano medio no es cosmopolita, tras observar orgulloso su ciudad se convence de que son los demás los que tienen que venir a verles a ellos.
El clarín de salida lo da el concierto en la Huerta de Félix, que enriquecido con su propuesta escultural anual (este año era de la obra de un brillante y prometedor Carlos Albert) reúne a lo mas selecto de la nomenkulturem local, que demuestra tener buen ojo.
Los numerosos fans (aunque lo correcto sería emplear el femenino, pues es hora de decir que ELLAS son mayoritarias en TODOS los encuentros) de Javier del Pino y de la Ser, llenaron y disfrutaron de su amenidad junto a Íñigo Domínguez y nuestro Aurelio Martín. El tenor Juan Diego Flórez nos encantó, como el de Hamelín a los ratoncitos. La cola para escuchar a Posteguillo era tan larga y ordenada como las legiones que tan bien describe. El arquitecto Viguier nos pareció un poco plasta y ya no pensamos encargarle nuestra segunda residencia en Antibes.
Para F. Savater el concepto de ciudadano “es el mayor logro cultural de la humanidad”. Y para muchos no fue mucho menor su participación en Gesto por la Paz, el primer brote de dignidad en una sociedad vasca acostumbrada a actuar como los tres monos ante la violencia y la amenaza. Su compi Guillermo de la Dehesa denunció la inanidad del Gobierno ante el secesionismo catalán, y ya metido en penas sentenció el hundimiento lógico del sistema de pensiones si no cambia radicalmente: “Si en 1913 en que la esperanza de vida era de 33 años, la jubilación llegaba a los 65 ¿cómo puede seguir igual hoy en que la media sobrepasará los 80?”. Nada que añadir.
El ameno y preparado Jesús R. Mantilla hizo triplete. Con Javier Cercas rompieron la pana y nos hicieron disfrutar de lo lindo. Nos gustó su tesis de que “la transición fue la obra de tres (admirables) traidores: Suárez, Carrillo y Gutiérrez Mellado”. De la verborreica e insumergible Rosa Montero no pudimos decir lo mismo. Su charla “pactada” con Claudia Piñeiro no se salió de “su libro”, pero allí estaba su numeroso público en rendición total.
Andrés Trapiello, meritorio traductor del Quijote al español moderno, y al que acompañó un discreto y elegante Muñoz Molina, se mostró orgulloso de su obra: “es mejor escribir como se habla que escribir como se escribe”. Y emocionaba ver ese Aula Magna a reventar de cervantistas aficionados.
Juan Luis Arsuaga, seamos honrados, nos cae fatal. Su ninguneo constante de la figura del paleontologo Don Emiliano Aguirre, el descubridor de Atapuerca, bordea el freudiano “matar al padre”. Un padre que podría darle lecciones de honestidad profesional y de algunas cosas más. Si antes de comenzar su comodísima charla le habríamos otorgado un 6 como comunicador y un 3 como científico, al final le habriamos subido la primera a un 9 y bajado la segunda a un 1 pelao. ¡Vaya Punset de vía estrecha! Por favor, si pueden entren en: http://dejadmevivir.blogspot.com.es/2011/11/memorias-de-atapuerca-con-emiliano.html
El Brexit, motivo de preocupación (posiblemente exagerada) entre organización y Ayuntamiento fue el centro de diversos debates. El que protagonizaron el cerebrito de El País Ignacio Torreblanca y J.Mª de Areilza con la directora de The Economist, Anne McElvoy , gozó de la presencia entre el público en un lugar superdiscreto del embajador del Reino Unido (unido por ahora) Simon Manley y de su esposa la catalana Mª Isabel Fernández Utges que en su perfecto inglés hizo una de las preguntas más interesantes del coloquio posterior. ¡Qué ejemplo para tanto concejalete y diputadillo fijos del llegartarde y la primera fila!
El tan sencillo como divertido Roncagliolo y su colega Andrés Neuman hicieron disfrutar a su público. Pero para expectación la que despertó Fernando Grande Marlaska, el juez enamorado, en una iglesia de S. Nicolás que se quedó pequeña desde el día en que se abrió la taquilla. Acudió a la cita con dos entrevistadoras, Rosa Montero y Nativel Preciado a las que calificar de lobas (protectoras del desvalido Fernando, eso sí) sería quedarse cortitos. Tanto fue así que en el turno de preguntas un espectador quiso dejar claro que él quería que le respondiera el juez “y no esas dos señoras”. Marlaska se reconoció como un adolescente poco feliz, posiblemente por necesitar ocultar su orientación sexual, pero que supo evolucionar sin traumas, pese a que su adorada mamá se encamó dos semanas al enterarse y se pasó seis años seis sin hablarle. Eso se llama carácter sí señor; con que el niño haya heredado la mitad (como le corresponde según otras leyes, las de Mendel) va servido. Se despidió con una bonita cita de Pessoa: “Cuando me muera todo seguirá igual, la realidad no me necesita”.
El maratón terminó con la medalla de Oro de las Bellas Artes 2014, María Pagés en interesante charla con nuestra Marifé Santiago; con el también nuestro y ya algo más que esperanza blanca del periodismo Guillermo Altares entrevistando a Andrea Wulf, autora de una tan apasionante como elaborada biografía de A.von Humboldt y con el tan esperado coloquio entre J.J. Millás y Juan Cruz que, quizás debido a las esperanzas suscitadas por sus visitas anteriores, defraudó un poquito. Pero nos quedamos, como despedida, con una bonita autodefinición de Millás: “Yo me he pasado la vida negociando con la realidad”. Y no es el único, pensarán ustedes.













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