El super tobogán instalado en el barrio de Nueva Segovia hizo disfrutar de un par de horas diferentes a muchos segovianos, pero recibió a menos participantes de los esperados.
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Diremos que es agosto, mes de fiestas en toda la provincia, y que la capital se queda ciertamente vacía en estos días; diremos que es agosto y disculparemos así a Segovia por mojarse sólo a medias por la esclerosis múltiple. Diremos que es agosto y a Segovia le tiraremos sólo a medias de las orejas. Y es que de 2.500 personas que podían haber participado en una actividad tan divertida como solidaria, al final sólo fueron cerca de mil quienes se apuntaron a convertir ayer la calle Gerardo Diego de Nueva Segovia en una atracción de parque acuático, a la vez que contribuían un poco a dar a conocer una enfermedad que muchas veces está ahí y se esconde como la gente en agosto.
Quienes no quisieron perder la ocasión de deslizarse por el super tobogán, eso sí, pasaron dos horas estupendas a remojo. Subiendo con el flotador a cuestas la calle se podía ver a gente de todas las edades, solos o en compañía, empapados de sonrisas, conscientes de que con cada bajada, unos a mayor velocidad y otros con más dificultades para deslizarse, estaban poniendo su gotita de agua por la esclerosis múltiple. Había quien retaba a sus amigos a una carrera por uno y otro carril, quien no se separaba de su padre o madre en el mismo flotador, o quien hacía gusanos de flotadores con sus amigos por el mismo camino. También había quien enseguida había cogido el truco para llevar más velocidad y quien, más patoso que el resto, tenía una lucha en cada subida con el flotador para, primero subirse y después conseguir arrancar el modo de deslizamiento. Entre tanto deslizarse hubo quien tuvo deslices y pinchó el flotador sin querer y quien estuvo a punto de hacerlo por exceso de ímpetu. También hubo algún pequeño que dejó a su padre con ganas de disfrutar del tobogán, y es que los 200 metros de longitud, que dentro se pasaban en un suspiro, fuera a veces daban sensación de eternidad y respeto.
Al final lo importante fue que, de una manera o de otra, de culo o sobre la tripa, fueron alrededor de un millar los segovianos que sí se pusieron el bañador por las calles de Nueva Segovia, en una situación que se hacía extraña para muchos, y salpicaron de solidaridad el día, con el deseo de que cada una de las entradas vendidas signifique el apoyo a cada uno de los 200 enfermos de esclerosis múltiple que registra la provincia de Segovia.






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