El capitán David Carbia fue el encargado de pronunciar la lección del 2 de mayo.
Quien lo probó, lo sabe; hay algo que caracteriza a los militares por encima de cualquier otro valor y que pone nervioso hasta a quien no lleva reloj, la puntualidad. Así se entiende que hoy, dos de mayo, día grande para los artilleros, que recuerdan el acto de valentía de Daoíz y Velarde, las inmediaciones del Alcázar fueran un jaleo de público, de acompañantes, de periodistas, de oficiales, de suboficiales, de militares en activo y generales retirados, escasos segundos antes de que diesen las 10:00 horas, y que justo en el preciso momento en el que las manecillas del reloj se colocaban y el desfile de artilleros cruzaba la puerta de entrada al recinto, se hicieran a la vez el silencio y el orden.
Puntuales y a punto para la cita anual con quienes se sublevaron ante el ejército francés en 1808 junto al pueblo, los militares desfilaban a lo largo de los jardines del Alcázar antes de formar filas, chocar sus zapatos y pronunciar un atronador "¡Viva!" respondiendo al tradicional "¡Viva el Rey!", mientras alguna autoridad daba muestras de no haberlo probado nunca, a pesar de -con toda seguridad- saberlo. La banda militar, después de la recepción al estandarte, comenzaba a tocar las primeras notas del himno de España y había quien miraba al cielo y quien miraba al frente. Todo estaba a punto entonces para proceder a la entrega de condecoraciones y a la posterior lectura de la lección.
Así, en presencia del coronel director de la Academia de Artillería, Javier Alonso, los destacados por sus muestras de constancia, conducta, comportamiento o espíritu militar, iban hinchando el pecho mientras recibían la Encomienda de la Real Orden de San Hermenegildo, la Cruz del Mérito Militar con distintivo blanco, el Premio '2 de mayo' y el Premio Ciro Martínez.
La lección, por su parte, era acometido este año del capitán David Carbio, quien ponía en situación a los primerizos, narrándoles el traslado de los tres únicos miembros de la familia Real que quedaban en España a Bayona; hecho que acabó con la paciencia de los ciudadanos españoles en 1808 y que terminó erigiendo a Daoíz y a Velarde como héroes nacionales y artilleros.
Carbio finalizaba su intervención apelando a cuatro valores que, junto a la puntualidad y el orden ponen siempre a punto el ADN militar: lealtad, honor, compañerismo y espíritu de sacrificio. El capitán se dirgía a los alumnos, que en unos meses saldrán siendo tenientes y sargentos, y les animaba a mantener la lealtad "que empujó a Velarde a comentar sus planes al Ministro a pesar de las consecuencias", la misma que "debe ir en ambos sentidos, tanto hacia los superiores como los subordinados".
Además, les invitaba a conservar el honor que debe ser "carta de presentación, tanto ahora como a lo largo de la carrera militar" y a incentivar el compañerismo, el mismo que hizo a Daoíz y Velarde "luchar mano a mano contra los franceses aún sabiéndose en inferioridad" y "que nos hace más fuertes porque sabemos que tenemos detrás a un gran equipo que nos impedirá fracasar". Por último, Carbia destacaba, sobre todo, el espíritu de sacrificio, "que debe estar presente en el día a día, tanto vistiendo de civil como vistiendo de militar".
Para concluir el acto sólo quedaba honrar a los caídos con música y una corona de flores, que se encargaban de depositar bajo el monolito la alcaldesa Clara Luquero y el coronel director Alonso, y hacer sacar la cámara de vídeo a los turistas, mientras escuchaban y observaban atentos cómo los artilleros -y algún civil- presentes cantaban puntuales al ritmo "marchando siempre unidos, siempre unidos...".










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