En una ceremonia realizada junto al Monsaterio del Parral, los gitanos han pedido compromiso a los miembros de su comunidad y a las instituciones para superar, entre otras cosas, los obstáculos a la educación.
La Alameda del Parral sonaba esta tarde a flamenco y a rumba en la celebración que el pueblo gitano de Segovia llevaba a cabo junto al puente de la Casa de la Moneda. Después de una mañana poco apacible, el cielo se abría y el sol salía, ejerciendo, en cierta manera, de metáfora de la situación que vive esta comunidad en la actualidad. Esto reflejaban también las palabras de la alcaldesa, Clara Luquero, que pasadas las cinco de la tarde se dirigía a los presentes felicitándoles por su festividad y recordando que es necesario "seguir trabajando entre todos para entendernos mejor y para continuar integrando al pueblo gitano".
La alcaldesa reconocía que "aunque se ha avanzado mucho, todavía hay un largo camino que recorrer" para mejorar la situación de convivencia. De cualquier manera, también manifestaba que hoy era día para festejar y no para lamentarse, por lo que sin más dilación, entre ella y Luis Martínez, coordinador de la Fundación del Secretariado Gitano en Segovia, daban la palabra a Sara, a la que el propio Martínez presentaba como "una estudiante de cuarto de ESO que esperamos que sea referente de todos los niños que estáis aquí y que veais que merece mucho más la pena estudiar, que no hacerlo".
Sara, que comenzaba algo nerviosa su lectura del manifiesto que hoy ha leído el pueblo gitano en cada ciudad de España, iba expresando el sentir de su pueblo, que, entre otros aspectos, ve "la atmósfera todavía infectada de racismo". La comunidad cree que esto se debe a la "ignorancia que existe sobre el pueblo gitano, que todavía construye prejuicios" y pide "poner freno a las injusticias para que los derechos sean reconocidos".
El discurso, marcado por la frase "hoy es un buen día", animaba a la celebración a ser una jornada propicia para poner de manifiesto el compromiso de la sociedad gitana y de las instituciones para "superar los obstáculos de la educación" o poner fin a la discriminación en el empleo. La joven gitana finalizaba su lectura instando a "compartir la bandera con la rueda de la esperanza".
Acto seguido y con algún que otro curioso y algún que otro turista contemplando la escena, las personas que se habían dado cita junto al río se acercaban a la orilla con flores y las echaban en el agua con el deseo de que todas estas esperanzas lleven pronto a la sociedad a tener un concepto del pueblo gitano que, como dice el lema que han elegido para la celebración del 8 de junio en este 2016, nada tiene que ver con la 'telebasura' que se muestra en las pantallas de alguna que otra cadena acostumbrada a servir a sus espectadores altas dosis de realidad inusual.






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