Por las dimensiones del teatro, la orquesta ocupó el espacio que normalmente está destinado a tres filas de butacas.
Ni siquiera la nieve enfrió las ganas que Segovia tenía ayer de disfrutar de la ópera en el Teatro Juan Bravo, que volvió a llenarse una tarde más, y ya van varias en esta temporada, para acoger 'Rigoletto', la ópera de Giuseppe Verdi representada por Ópera 2001.
Debido a las dimensiones del teatro, la orquesta de Martin Mázik se vio obligada a ocupar el espacio de las tres primeras filas de asientos, algo que hizo que la representación fuese aún más íntima y cercana todavía. Los espectadores disfrutaron de ella como si los intérpretes estuviesen en el salón de su casa y el público salió encantado del Teatro, tras una oportunidad que se da pocas veces.
De manera especial gustó el tercer acto, que requiere una mayor potencia vocal de los actores, quienes deben representar el desenlace de la trama. También fue muy aplaudida la actuación de la hija de Rigoletto en el segundo acto, en el que padre e hija mantienen una conversación repleta de confesiones.





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