¿No había dicho Mariano Rajoy que veía completamente normal la lucrativa “actividad complementaria” mantenida por el diputado del PP por Segovia y aspirante a la reelección Pedro Gómez de la Serna? Si es así, a santo de qué el presidente del Comité de Derechos y Garantías del partido y a la sazón secretario autonómico del PP y alcalde de Salamanca, Alfonso Fernández Mañueco, ha ordenado la apertura de un expediente disciplinario que aclare las posibles incompatibilidades en que habría incurrido el susodicho parlamentario-comisionista (a la par que ilustre “cunero”).
Forzado por las circunstancias electorales, una vez más el PP se ve obligado a hacer el paripé de que ha pasado a ser un partido inflexible contra la corrupción. Pero lo más indignante del caso es que, constituyendo una absoluta indecencia política, puede ser que el comportamiento de Gómez de la Serna se ajuste a la legaldiad, simplemente porque sus controvertidas labores de “asesoramiento” figuran en su declaración de actividades y fueron autorizada por la comisión del Diputado. (Lo mismo, por cierto, que todas las actividades declaradas por el ahora primer candidato del PP al Senado por Valladolid, Miguel Ángel Cortes, quien tiene declarados 15 cargos diferentes en patronatos, fundaciones y sociedades, es copropietario de otra empresa de consultoría, Bajoz Internacional S.L.”, y ejerce la abogacía a través de “Torozos Legal S.L.”.).
Sin entrar siquiera en cuestiones de legalidad, lo lógico sería que, por simple profilaxis democrática y en aras de contribuir a la dignidad de la función parlamentaria, el PP excluyera de su lista por Segovia a Gómez de la Serna. Y alguna razón de mucho peso tiene que haber para que no lo haga. Máxime cuando ello tiene un claro coste electoral para el PP en Segovia y en toda España y cuando resulta evidente que Pedro Sánchez no va a parar por alto el asunto -que también engloba al ínclito embajador de España en la India, Gustavo de Arístegui- en el debate mano a mano que celebra con Rajoy el próximo lunes.
En el anterior debate a cuatro Albert Rivera achacó la ausencia de Rajoy a sus dificultades para desvincularse de la corrupción en que se ha visto envuelto su partido. Y el caso protagonizado por el dúo De la Serna y Arístegui no ha hecho otra cosa que cargarle de razón. El típico expediente-paripé ya no engaña a nadie.





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