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Impactado se confiesa “El topillo”,
y supone que no será el único, por el artículo publicado ayer en “El
Norte de Castilla” (no podía ni debía ser en otro sitio) por José Antonio de Santiago-Juárez,
el consejero de la Presidencia, Portavoz de la Junta y presidente del
comité electoral del PP de Castilla y León. Con la lucidez y
clarividencia que le caracteriza, De Santiago-Juárez lanza en ese
artículo un alegato por la regeneración democrática de la vida política
española que no dudaría en suscribir el movimiento 15-M.
Ocupando
los cargos que ocupa, hace falta tener valor para defender las listas
electorales abiertas, la celebración de primarias para elegir candidatos
o la limitación de mandatos en los partidos y en los gobiernos, medidas
que le han producido siempre alergia al PP. También tiene su mérito
proponer la revisión de la financiación de los partidos y no digamos la
eliminación de las donaciones. Por si fuera poco lo anterior, el nunca
bien ponderado De Santiago-Juárez aboga por terminar con los
“profesionales de la política”, de los que dice que su mérito principal
“es haber pegado carteles a edades muy tempranas y que no han sido
capaces de desarrollar su proyecto vital al margen de la política”.
La
crítica a estos “profesionales de la política” resulta demoledora,
habida cuenta de la cantidad de notables del PP de Castilla y León que
llevan encadenando cargos públicos ininterrumpidamente desde los años
ochenta. Sin salir de Valladolid es el caso de Ramiro Ruiz Medrano (1983), Miguel Ángel Cortés (1983), Javier León de la Riva (1987), Tomás Burgos (1987) o Alberto Gutiérrez Alberca
(1987), ninguno de los cuales parece que tenga intención de abandonar
la vida política. Sin olvidar la remesa de los noventa representada por Arenales Serrano (1991), Ana Torme (1994) o Tomás Villanueva, consejero de la Junta desde 1.995.
El
hecho de que el propio De Santiago-Juárez lleve pisando moqueta oficial
también desde 1987 hay que tomarlo como un gesto de autocrítica que, si
cabe, engrandece aún más su valiente alegato.
Si
acaso “El topillo” ha echado en falta entre tan plausibles medidas de
regeneración política un código de conducta que penalice todo tipo de
prácticas abusivas, tales como la utilización indebida de los medios
públicos, pongamos por caso el uso del coche oficial para fines
privados. Pero se da por sentando que el autor del artículo, máximo
paradigma de la ética y paladín de la transparencia política, condena
este tipo de abusos. No tengan la menor duda.
http://www.elblogdepedrovicente.blogspot.com.es/
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