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Que la crisis
ha colocado al Estado de las Autonomías en el disparadero, dejando al
descubierto los endebles cimientos sociales, políticos y económicos de
comunidades como la de Castilla y León, es algo que a estas alturas ya nadie
discute. Es evidente que la “burbuja autonómica” ha reventado y con ella las
costuras del Estado de las Autonomías, cuyas sobredimensionadas estructuras
administrativas y de gasto son de todo punto insostenibles.
La cuestión es como salir de ese atolladero sin
modificar la Constitución
–algo que sigue siendo casi tabú, salvo para retocar lo que convenga a Merkel y
cía, como ocurrió con la bochornosa reforma exprés de 2011- y sin reabrir
tampoco el melón de la configuración territorial, factor éste que añadiría
nuevos frente al enrevesado problema. Por eso ha resultado un tanto
sorprendente la propuesta con la que hace unos días se ha descolgado el
periodista burgalés Fernando González Urbaneja, quien ha planteado como solución para Castilla y León su unión con la comunidad de Madrid.
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| Méndez Pozo y González Urbaneja |
La idea como tal resulta disparatada, no solo
conceptualmente, sino porque además la Constitución prohibe expresamente la alianza
entre comunidades autónomas. Sin embargo, dado que González Urbaneja es un
experto analista económico, no hay que echar en saco roto la premisa que le lleva
a pensar que la comunidad de Castilla y León es inviable: “Es una comunidad
envejecida, imposible, en la que no crece la población (…) Solamente una
integración con Madrid puede garantizar el futuro”.Y no lo dice un segoviano o
un abulense que piense que a sus provincias les interesa más fortalecer sus lazos
con Madrid que mantenerse en una comunidad dispersa y centralizada en
Valladolid.
Lo ha dicho,
en clave puramente económica, un burgalés de pro dentro de un ciclo de conferencias
organizado por la Cámara
de Comercio de Burgos, que preside Antonio
Miguel Méndez Pozo, quien se ocupó de presentar al conferenciante.
Nos quedamos sin saber que pensará sobre esa idea el propio Méndez Pozo, Michel
para sus amigos, uno de los principales poderes fácticos de esta comunidad y
concesionario, solo o en compañía de otros, de un sinfín de obras y servicios
adjudicados por el gobierno que preside el también burgalés Juan Vicente Herrera.
Por más que se nos quiera vender que Castilla
y León ha sido una comunidad modélica que, a diferencia de otras, no ha vivido por encima de sus posibilidades
y menos aún ha incurrido en despilfarro, la realidad desmiente esa burda
propaganda oficial. Y a veces de forma tan aparatosa como sucedió la pasada
semana en Benavente, donde se vino abajo con estrépito -por fortuna de
madrugada- la pasarela de los Costos de la Mota alzada hace poco mas de un año por Somacyl, empresa
publica creada por la antigua consejería de Medio Ambiente.
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| Pasarela de los Costos, junto al Parador de Benavente |
Si afirma
el tópico que una imagen vale más que míl palabras, la de la pasarela desmoronada
simboliza como pocas la falta de rigor y el derroche con el que han funcionado,
y funcionan, la mayor parte de empresas públicas, fundaciones, entes y demás
chiringuitos que la Junta
llama “sector público” y que en realidad han constituido, y constituyen, una
especie de Administración B sin otro fundamento que el de sortear los controles
-que tampoco es que sean excesivamente rigurosos- a los que está sometida la Administración A.
Todo un pozo negro de gasto y enchufismo, cuando no nepotismo, al que ahora se
le está dando un lavado de cara por imposición del Ministerio de Hacienda, que
ha exigido la reducción de ese tinglado para aprobar los planes de estabilidad
presupuestaria de las comunidades autónomas.
No es casualidad que entre 2008 y 2011
Castilla y León fuera la comunidad autónoma que más incrementó la deuda de ese
llamado “sector publico”, que en dicho periodo se disparó de 54 a 395 millones, nada menos
que un 631,5 por ciento. Una deuda que, lejos de reducirse, ha seguido en
aumento, alcanzando a 31 de diciembre pasado la cifra de 452 millones. (La
deuda total de la comunidad se ha elevado en esa fecha a 7.586 millones, un
38,5 por ciento más que un año antes). Y en ella no se computan obras como la
del Hospital de Burgos (mas de 400 millones de euros) o la autovía
Segovia-Valladolid (mas de 200), adjudicadas por el llamado “método alemán”, es
decir de pago diferido a través de canon anual.
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| Demetrio Madrid |
Podrían ponerse infinidad de ejemplos de que
Castilla y León también ha sucumbido a los “delirios de grandeza”. Por citar
solo alguno, ahí está la misma sede de su Parlamento, toda una desmesura de
edificio solo superado en tamaño y sobrecoste por el hospital antes citado. Por
no hablar del cercano centro cultural “Miguel Delibes” o del edificio de la Consejería de Economía
en Arroyo de la Encomienda,
cuyo origen, nudo y desenlace ha constituido ciertamente toda una “solución
empresarial”.
Hanni-baʾal | Viernes, 22 de Marzo de 2013 a las 11:31:25 horas
De siempre ha habido cotarros y mamoneos políticos adjudicatarios, el problema es que ahora hay que multiplicar por 19 y eso aumenta en demasia el número de chupócteros, con el añadido de que han aprendido a vivir de la teta y no saben hacer otra cosa. Que aproveche. Salud!
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