![[Img #16406]](upload/img/periodico/img_16406.jpg)
Los días se acortan, las noches se alargan, estamos
entrando en las cavernas platónicas de deseos del otoño. Bienvenidas sean con
sus frutos cuajados esas esperanzas que fueron flores de abril y mayo: la pera,
la manzana, la castaña, el almendro, el membrillo, la uva y la oliva, con las
que elaboraremos la subsistencia del invierno, ayudados con el tocino imberbe
del marrano novembrino, si a vos os plau, a vosotros, vosotras, Comunidades
Autónomas, peticionarias insaciables.
No hay paisaje más serenador que el del otoño preinvernal,con sus hojas
arborícolas marrones y decaedescentes, cuando la naturaleza se
serena y se concentra en sí misma, como nos serenamos y concentramos nosotros
en la intimidad de la rutina cotidiana: ir a trabajar y nada más, que hay que
cosechar para la casa llenar.
Reunidos todos en torno al hogar, gozamos de los frutos que el sol soleó como
gran capitán. Ahora, recogidos entre nosotros mismos, vamos a la escuela, vamos
al tajo o trabajo, vamos a la oficina y al bar matinario, y seguimos a verlas
venir, porque la vida está así de mal, que no nos deja tranquilos vivir, si no
nos llevamos un fruto a la boca. Toda pretensión es poca, tal como se avecina
la economía, con prima de riesgo incluída. ¿Y quién será esa prima, que nos
pone en riesgo, de dichosa nada? Porque nos jode la jodía.
Frau Merkel, escucha, hoy es siempre todavía; déjale a Mariano Rajoy ensayar su
propia vía. Resolveremos lo que sea en situación tan comprometida.
http://alhilodelavida.blogspot.com.es/





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