Sin disfraz de bordón ni calabaza,
sin fárragos ni vanas descripciones,
coagula sentimientos y emociones
al hilo saltarín del río Riaza.
Su verbo es el lenguaje de la plaza,
bebido en campos, calles y mesones:
acciones, reflexiones y pasiones
de este duende andarín, juglar de raza.
Solitario quizá, no insolidario;
palabra natural, compás sonoro;
sencillo siempre, nunca leguleyo.
Su nombre se cayó del calendario,
y fuera el mártir o el de El asno de oro,
bendice los caminos Apuleyo.
EMILIO PASCUAL
Madrid, 1 de febrero de 2012





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