Nueva exposición en el Torreón de Lozoya: cajas que hablan

Cajas que hablan: recuerdos de la radio en el siglo XX. Colección de Andrés Martín

Hubo un tiempo en que las familias se reunían alrededor de una radio. La radio era el corazón sonoro de los hogares. La información, la música, la compañía y la imaginación volaban a través de sus ondas. El sonido cálido de las válvulas, el dial deslizándose suavemente buscando emisora, las voces lejanas que traían noticias, canciones y sueños… Las palabras viajaban por el aire y despertaban la imaginación. Lo increíble era que, de su caja mágica de madera o baquelita, salían voces, música y noticias que nos hechizaban. La radio fue mucho más que un aparato: fue una ventana al mundo y una fiel compañera del hogar.
Pedro de Andrés (Comisario de la Exposición)

El próximo viernes, 13 de febrero, en que se celebra el “Día Mundial de la Radio”, las Salas del Palacio del Torreón de Lozoya iniciarán su andadura en 2026 con un homenaje a este medio de comunicación: la exposición titulada “Cajas que hablan: recuerdos de la radio en el siglo XX”, una muestra que ha sido posible gracias a la generosidad y complicidad de la Colección De Andrés-Martín. La inauguración tendrá lugar a las 19:00 horas, en la Sala de Tapices, en un acto que contará con las intervenciones de Francisco Javier Reguera -presidente de la Fundación Torreón de Lozoya- y de Pedro de Andrés -copropietario de la Colección y comisario de la muestra-.

 

La exposición está integrada por una selección de 150 destacados ejemplos de radios y transistores de la Colección De Andrés-Martín que abarcan, cronológicamente, desde los inicios de los años veinte, hasta la década de los setenta, fabricados en Holanda, Francia, Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Letonia, Suecia, Japón, Canadá, Italia, Hong Kong y España, no faltando la referencia segoviana a establecimientos como Masigal, Cíclope, Villa, Ruiz o Plus Ultra.

 

Un invento en continua evolución

La riqueza de los fondos de esta colección y el montaje expositivo realizado al efecto, permitirán al visitante descubrir los adelantos técnicos que fueron conformando, a lo largo de las primeras tres décadas del siglo XX, las tipologías iniciales, caso de las radios de galena, las de lámparas vistas o las llamadas “de cofre”. Posteriormente, vendrían nuevos aparatos como las “radios de capilla”, las que incorporaron en su fabricación la baquelita, las radios funcionales o los transistores, en una evolución técnica que convirtió a esta invención en un electrodoméstico que persiguió una mayor calidad de sonido, un abaratamiento de los costes de producción para poder llegar a una parte significativa de la sociedad, así como incorporar un buen número de prestaciones, entre ellas la portabilidad que proporcionaron los pequeños transistores.

 

Junto a estos logros técnicos, deben contemplarse otros avances que tuvieron en cuenta factores como los gustos estéticos, la practicidad o la plurifuncionalidad, dando lugar a aparatos llenos de curiosidades.

 

Tal fue el caso de las radios transformadas en elegantes muebles -que podían estar adornados con taraceas ornamentales o lacas de estilo oriental-, susceptibles de incorporar también tocadiscos: unos artículos de lujo que prestigiaban la calidad de vida de sus propietarios.

 

Por el contrario, otros aparatos buscaban pasar desapercibidos bajo la apariencia de marcos de fotos, libros, botellas, adornos de barcos, muebles especieros, muebles-bar, etc.

 

Fusiones de radios con aparatos y dispositivos diversos -a veces sorprendentes- sumaron nuevos incentivos, llevándolas mucho más allá de su función receptora de programas y noticias. La combinación de radio y reloj empezó a hacerse común, y con ello otras funciones como la de despertador. Algunas radios permitían enchufar otros aparatos como lámparas o calienta biberones, de modo que, gracias al programador, el biberón podía estar listo a la hora deseada. También hubo radios con cámaras de fotos, encendores y ceniceros, lámparas y linternas, sin olvidar aquellas otras que podían servir como neceser o las adaptadas para las bicicletas, algunas dotadas incluso de luz y claxon.

 

[Img #73524]

 

Un invento desde la perspectiva sociológica

La exposición ofrece igualmente una buena cantidad de lecturas en clave sociológica que nos llevan hacia diversos fenómenos del siglo XX, dentro de los cuales se insertan comportamientos sociales como el sentimiento de superioridad que llevó aparejado, durante mucho tiempo, la posesión de uno de estos aparatos, sin duda evidencia de un elevado estatus.

 

De otro lado, están invenciones como las “radios de kit”, cuyos componentes se vendían por separado y que uno mismo, con ayuda de cursos por correspondencia, podía montarse e incluso, al mismo tiempo, formarse en un oficio.

 

La publicidad de las propias emisoras de radio dio lugar a algún curioso capítulo, caso de las “Mike radio”, aparatos que las empresas radiofónicas regalaban a aquellos negocios que las elegían para publicitarse y que sólo recibían su señal.

La sofisticación de las costumbres o la necesidad de evasión en momentos duros llevó a la invención de las radios con monedas o tokens, que lo mismo aparecieron en hoteles que en hospitales, contribuyendo a mejorar la calidad de vida de los enfermos.

Capítulo destacado en este enfoque social es el relativo a las que se llamaron “Radios del Pueblo”, un medio de propaganda y adoctrinamiento muy significativo durante la II Guerra Mundial; no en vano, el fascismo y el nacionalsocialismo fueron los primeros movimientos políticos en utilizar la radio a gran escala con fines propagandísticos. El VE-301W fue el primer “receptor popular” que se lanzó. La designación “Volksempfänger 301” aludía al 30 de enero de 1933, fecha del nombramiento de Adolf Hitler como Canciller del Reich. Fue presentado en marzo de 1933 en la “X Gran Exposición de Radio Alemana” en Berlín. La radio era realmente asequible, y de ella se vendieron más de 100.000 unidades en aquel evento.

 

Mucho más amable y, desde luego, constructiva, fue la “radio escolar”, una iniciativa española de los años 50, cuyo objetivo era que la educación llegase a comunidades que carecían de acceso a ella, especialmente en las zonas rurales. Antecedente de la televisión educativa, con la radio escolar se buscaba no sólo alfabetizar, sino también promover la participación y el desarrollo social y comunicativo de los estudiantes y de la comunidad. 

[Img #73525]

 

Una singular colección segoviana en torno a la radio

A pesar del alto número de piezas que integran la exposición “Cajas que hablan: recuerdos de la radio en el siglo XX”, lo expuesto en el Torreón de Lozoya no alcanza al 50% de las obras que atesora la Colección De Andrés-Martín.

 

Los orígenes de la misma se remontan treinta años atrás, cuando Pedro de Andrés enfocó sus afanes coleccionistas en la radio, fruto de un impulso nostálgico y evocador que la exposición, desde luego, transmite:

 

“Mi afición a coleccionar surge como fruto de la nostalgia. Tengo recuerdos de los aparatos de radio que hubo en mi casa: la sensación como niño de esa radio grande iluminada de la que salían música y palabras. ¡Era magia!.

 

Al manejarla hacías trabajar los cinco sentidos. El oído, por lo que salía tras la tela del altavoz; el tacto, al manejar los botones para controlar el volumen y hacer deslizarse el dial; la vista, intentando afinar la emisora deseada y descubriendo el mundo en su dial; el olfato de las válvulas cuando se calentaban… y todo esto  hizo que se afinara el sentido del gusto … especialmente al oír la canción del Cola Cao e imaginar un tazón de loza con un buen vaso de leche calentita.

 

Esos recuerdos te llevan, ya siendo adulto, a rescatar aquel viejo aparato que tanto te emocionaba, ya sin uso y olvidado en la casa de tus padres. Y como una cosa lleva a otra, de repente un día se cruzan otros aparatos de radio que fueron acompañando al de tu infancia, hasta la actualidad”.

 

Estas palabras dejan entrever ese ingrediente emocional que la colección posee y, de hecho, algunas antiguas piezas no han querido ser restauradas deliberadamente al objeto de que muestren las que el comisario y coleccionista llama “heridas de guerra”: la pátina del tiempo, arañazos, la quemadura de un cigarro, la marca de un vaso…, señales y huellas que, de seguro, encierran innuerables historias en torno a la radio con las que cualquiera puede soñar.

 

Sin embargo, no por ello se trata de una colección meramente sentimental. Como toda colección rigurosa, la formación de la misma no ha estado exenta de desafíos en la búsqueda de importantes piezas, caso de las radios de lámparas vistas o de las llamadas “de cofre”, aparatos de los años veinte realmente difíciles de conseguir por su escasez y precio. La colección cuenta con numerosas radios y transistores que sorprenderan al público por sus múltiples apariencias, funciones o circunstancias históricas, y, aunque Pedro De Andrés siempre afirma que “la mejor radio de su colección es la siguiente”, destaca algunos modelos como una radio Mercury con forma de lira, realizada por un técnico de Elche, la Telefunken Cariño, la Cradial Comet y la Marba Rapsodia.

 

La exposición podrá visitarse en las Salas del Palacio del Torreón de Lozoya hasta el 12 de abril.

 

Más información en www.fundaciontorreondelozoya.es  

Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Por favor acepte nuestra política de cookies para continuar con el contenido. Gracias.