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Ana Vázquez
Lunes, 30 de abril de 2018
CRÓNICA CLARENCE BEKKER

Bekker en cuerpo y alma

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La entrada de Clarence Bekker ayer por la noche en el Teatro Juan Bravo de la Diputación, cantando desde la puerta de acceso al patio de butacas, mientras su joven banda había comenzado a tocar los primeros acordes cuando el público estaba ya sentado y preparado para verle aparecer por el escenario, no fue una casualidad. Bekker acababa de hacer toda una declaración de intenciones.

[Img #46403]    Hay obras de teatro que comienzan con sus actores entre el público y hay conciertos que dan inicio con una entrada triunfal del vocalista apareciendo desde atrás. El Teatro Juan Bravo se presta a ello, tiene anchos pasillos en los laterales, unas escaleras que suben al cielo a ambos lados del escenario y siempre es sorprendente que el inicio del cosmos no esté donde se le espera. Sin embargo, en la mayoría de esas ocasiones, la acción comienza y acaba en ese momento y el resto del espectáculo transcurre y termina según lo previsto. No fue así con Bekker, que tiene apellido de poeta anárquico.

 

    El cantante holandés, de acento americano y difícil y divertido español, pese a llevar décadas en nuestro país, rindió un homenaje al público desde la primera canción hasta la última y lo involucró en todo momento para terminar de confirmar lo que rumoreaban desde la apertura de puertas los trabajadores del teatro, presentes en la prueba de sonido; que Clarence Bekker y su banda eran un auténtico espectáculo. Cierto es que a los espectadores, inevitablemente castellanos, les costó entrar en el juego hasta que Bekker cantó ‘Purple rain’; pero a partir de Prince el reinado de Bekker fue una democracia en la que el público tuvo en todo momento voz y en muchas ocasiones, especialmente llegando al final, botó. Los asistentes celebraron fuerte la elección de Bekker de incluir ‘Ain’t no sunshine’ en el repertorio y cantaron a pleno pulmón el ‘Stand by me’ de Ben E. King que tantas satisfacciones le ha dado a Clarence Bekker, convirtiéndolo en uno de los grandes protagonista del movimiento Playing for Change. Además, y antes de que el canario Charly Moreno se quedase solo en el escenario para ofrecer un solo imposible de bajo, Clarence Bekker, bromista y conquistando al público con su cercanía, habló a los espectadores del Teatro Juan Bravo sobre su ego para terminar invitándolos a gritar “¡You’re simply the best!”, después de cantar a capela cada una de las estrofas del éxito de Tina Turner.

 

    Con una banda procedente de toda la geografía española y formada por un joven y estéticamente muy cercano a los videoclips de los años ochenta Arecio Smith a los teclados y al saxofón, Francisco Guisado ‘Rubio’ a la guitarra, Charly Moreno al bajo, y un enérgico Carlos López a la batería, Clarence Bekker dio todo el sentido del mundo a la palabra que lo había convocado sobre el escenario segoviano. ‘Soul’, alma, fue lo que entregó con una voz inacabable y potente Clarence Bekker durante una hora y media al público segoviano, que también aplaudió su entrega en cuerpo y acabó bailando tanto como él, convirtiendo el ambiente serio y teatral del principio en una auténtica revolución, digna del mismísimo Tracy Chapman.

 

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