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Ana Vázquez
Viernes, 21 de abril de 2017
SE PUDIERON ESCUCHAR TEXTOS INÉDITOS, LECTURAS DE MAYORGA, KAFKA O BRECHT

Se hace camino al leer

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Durante una hora y media, cerca de un centenar de personas caminó por la noche por las calles de Segovia con el objetivo de compartir sus lecturas en una de las actividades más especiales del Día del Libro.

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El reciente centenario de la librería Cervantes de Segovia sirvió, hace unos meses, de excusa a sus dueños para sustituir los mensajes libres de graffiteros no instruidos, por un mensaje escrito por uno de los instructores de la libertad más antiguos y actuales del país; el propio Miguel de Cervantes. Desde entonces, en su tapado escaparate se puede leer eso de que "el que lee mucho y anda mucho, vee mucho y sabe mucho". Y por eso, tal vez, ayer por la noche cerca de un centenar de personas se encaminó hacia muchos de los pasos que pueden dar las letras en Segovia.


La segunda noche de los libros fue tan necesaria como la primera... y algo diferente también. Continuó la nocturnidad, y la premeditación permitió escuchar algunos textos inéditos, cartas de Kafka, piezas de Juan Mayorga o palabras de Bertolt Brecht. Con un trayecto más corto que el de 2016 y algo menos de magia; una circunstancia inevitable, pues aquélla fue la primera vez, menos tímidos y más sabios, los paseantes se dieron cita en el Acueducto, donde, como si de un juego de niños se tratara, y recordando a esos discos de música clásica que algunos padres hacían sonar hace años para conquistar el oído de sus hijos, sonaba juguetón un minueto de Beethoven. Mezclándose con el ruido de las rejas de algún comercio que cerraba hasta el día siguiente, Sergio Artero, actor de Saltatium, leía las primeras palabras de la noche, antes de que la música de 'El Golpe' diese una palmadita en las tapas de los libros que algunos participantes portaban bajo sus brazos, y comenzase el paseo.


Pasar por delante de la citada librería Cervantes, aunque sólo fuese por reflejarse en su opaco espejo en forma de frase, parecía inevitable antes de llegar a la librería Torreón de Rueda, donde ocurrió el primer contratiempo. Teniendo en cuenta que el número de participantes casi duplicaba el de la primera edición de la Noche de los Libros, con la participación incluso de turistas que sin conocer la actividad se sumaron a ella por su atractivo, hubo que separar caminos, y mientras unos permanecieron en el universo de César, otros se dirigieron hacia la sede de la editorial La uÑa Rota, donde las letras cobraban vida en las manos de María y Pablo, y en el apurado teclear de sus dedos sobre dos máquinas de escribir. "Esto ha sido un experimento", explicaba Carlos Rod, uno de los editores de La uÑa Rota, antes de que los dos escritores procediesen a leer lo que había espirado su inspiración a lo largo de la media hora anterior.


Mientras tanto, en el laberinto de estanterías y libros que es Torreón de Rueda, entre paradas de metro, planetas, música despierta e instrumentos dormidos, su propietario obsequiaba a los asistentes con el libro 'Antonio Machado en su Casa-Museo de Segovia'; páginas básicas para entender qué pinta o escribe la escultura de Machado junto al Teatro Juan Bravo, lugar donde después de unas escenas teatrales representando la entrada de Lope de Vega en la cárcel, concluiría la segunda Noche del Libro.


La Plaza Mayor escuchaba en silencio las notas de trompeta en melodías de Pierre Boulez y la escuela francesa, y Marifé Santiago, concejala de Cultura, sustituía los "hasta el año que viene" por "hasta el libro que viene". Quizás, el que deberían abrir dos jóvenes turistas que, ajenos a lo que había sucedido a lo largo de la última hora y media por las calles de la ciudad, se acercaban a la estatua de Machado preguntándose si sería Cervantes. Por si había alguna duda de la similitud entre lo que ocurre en los libros y lo que pasa en la vida, el epílogo era claro: los Quijotes y los gigantes aún pueden encontrarse en todas partes. Caminante, no hay camino, se hace camino al leer.

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